Ante cualquier sugerencia, duda, o cualquier otra cosa mi email es detras_de_la_luz@hotmail.com
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Pero no le hice caso, y segundos después me asomé por detrás de la puerta de su habitación para indagar de quien se trataba, eran unos hombres uniformados, con gabardina y pantalón rojo, en la solapa había un distintivo… eran los guardias del CSA. Cuatro hombres de diferentes edades, habían venido para entregarle una carta, Swen la abrió inmediatamente para leerla, y cuando los guardias dieron por hecho que ya era sabedor del contenido de la misma, se marcharon; un
segundo después de que la puerta encajara con el marco se derrumbó y calló de rodillas contra el suelo, aunque posiblemente hubo algo más aparte de aquellas rótulas que impactó contra la superficie. Un diluvio de lágrimas que no pudieron sostenerse más, brotaban desde unos ojos rendidos mientras balbuceaba improperios a todo aquel que se atreviese a pasearse por su mente. Salí de la habitación, la puerta se encontraba entornada, y fui corriendo hacía él.
-¿Qué pasa Swen?- al percibir mi voz este se incorporó de inmediato, ladeó la cabeza hasta posicionarla en un ángulo desde el cual yo no fuera capaz de ver su rostro, se restregó ambos ojos contra la manga de la camisa, y me miró
-Nada, Kiar- decía mientras esbozaba una sonrisa forzada- No pasa nada
-¿Quiénes eran esos hombres y que querían?
-Son viejos amigos que han venido a visitarme- respondió con premura
-Y son amigos ¿Por qué lloras?- Pregunté inocentemente
-Porque hacía mucho tiempo que no los veía.
Y le creí, cada una de sus palabras calmó mi curiosidad, ni siquiera le pregunté por la carta, ni porqué estaba tan triste, solo le creí, inocentemente, ahora, evidentemente, tengo otra perspectiva de lo que ocurrió.
Ahora en mi situación, intento ponerme en su piel, pero no lo consigo del todo, no sé si el contenido de aquella carta que él recibió es igual o parecido al de la mía; además él tuvo la difícil tarea de tener que despedirse de un niño, engañándome, como pudo, ese fue el camino que eligió, el que creyó mejor para mí, y supongo que aunque duro también para él, y yo no tengo nada, por eso él lloró y sufrió, y yo, me siento mejor que nunca
Pero aquel recuerdo no quedó allí, hubo algo más, algo que por aquel entonces creí que fue un sueño:
Noté un suave contacto en la frente, un cálido beso, deseé con toda mi alma que fuera mi madre, pero sentí un susurro grave que me alejó de aquella ilusión “Te quiero mucho Kiar, nunca lo olvides”. Abrí los ojos y descubrí a Swen llorando, se estaba despidiendo
-¡Shh! Duérmete, solo es un sueño- susurró con inmediatez al descubrir mis ojos abiertos, obedecí y volví a cerrarlos.
Desde aquel momento, desde aquellos trece años no lo he vuelto a ver, y ese día, y al siguiente, y durante unos cuantos más, no dejé de llorar como el niño que era, incluso es posible, que por dentro, todavía, siga llorando como lo hacía por entonces.
Lentamente volví a entreabrirlos, el continuo murmullo de las olas se escuchaba de fondo, me había dormido, y no solo el sol del día anterior se había ocultado si no que el de un nuev
o día comenzaba a mostrar sus primeros rayos de vida.- ¡Que llego tarde!-grité, debía apresurarme a ir al edificio Shadows si no quería que me sucediese cualquier cosa. El contenido amenazador de la carta era claro, y tenía pánico a no llegar a tiempo, a que me encerrasen en unos fríos y oscuros calabozos, o lo que es peor, que me llevasen a la sala de torturas. Ningún indicio excepto el mensaje del CSA lo demostraba, nunca antes había escuchado nada relacionado con ello, al igual que tampoco conocía la existencia de una plaza San Juan, pero la prevención, y tal vez algo de temor a que me sucediese algo, era un motivo más que suficiente para acudir a la citación
Corrí como pude hasta llegar hasta la puerta del edificio, observé, con el corazón en la boca, como dos guardias bloqueaban una enorme reja de hierro que presumía ser la única entrada de aquella grandiosa edificación amurallada.
-Buenos días- saludé cortésmente
-¿Nombre?- espetó uno de los guardias
-¿Cómo?
-¡Su nombre!-elevó la voz el guardia mas delgado, y el que al parecer por su actitud chulesca y ególatra, debía ser el miembro con más rango del tándem-¿No lo entiende?
-Ki…Kiar- tartamudeé, pero al observar que aún no me había entendido, lo pronuncié más alto y con mucho más convencimiento- Me llamo Kiar y me están esperando.
El otro guardia, más joven y holgazán, gruñó algo inentendible cuando el compañero arqueó las cejas y dirigió la mirada hacía otro lado desinteresándose del asunto, por lo que se tuvo que volver malhumorado, sacar una pequeña llave con forma de tubo del bolsillo, y abrir una pequeña puertecita incrustada en el centro de la reja como si le fuera la vida en ello. Alzó una mano señalándome con un gesto que lo siguiera, repetí con la misma parsimonia los pasos que el daba, por lo que aproveché para observar lo que se escondía detrás de esa muralla enladrillada que delimitaba Shadows, y que desde el exterior era imposible de ver. Un camino de tierra serpenteaba por el resto del cercado, que estaba cubierto por matorrales y hierbajos que crecían a su antojo y se habían adueñado del desertado lugar.
A medida que me iba adentrando, la vegetación silvestre le comía más terreno al camino, volviéndolo cada vez más estrecho, y a medida que la maleza aumentaba, tras ella, aparecían todo tipo de cosas, desde ropa desgastada, descolorida y hecha jirones, todo tipo de basura, hasta diversos animales muertos en diferentes estados de descomposición, llenos de insectos y apestando todo a su alrededor. Aquel insoportable hedor me provocaba las arcadas que me anticipaban lo que se avecinaba si permanecía mucho tiempo más en las cercanías.

-¿Qué pasa Swen?- al percibir mi voz este se incorporó de inmediato, ladeó la cabeza hasta posicionarla en un ángulo desde el cual yo no fuera capaz de ver su rostro, se restregó ambos ojos contra la manga de la camisa, y me miró
-Nada, Kiar- decía mientras esbozaba una sonrisa forzada- No pasa nada
-¿Quiénes eran esos hombres y que querían?
-Son viejos amigos que han venido a visitarme- respondió con premura
-Y son amigos ¿Por qué lloras?- Pregunté inocentemente
-Porque hacía mucho tiempo que no los veía.
Y le creí, cada una de sus palabras calmó mi curiosidad, ni siquiera le pregunté por la carta, ni porqué estaba tan triste, solo le creí, inocentemente, ahora, evidentemente, tengo otra perspectiva de lo que ocurrió.
Ahora en mi situación, intento ponerme en su piel, pero no lo consigo del todo, no sé si el contenido de aquella carta que él recibió es igual o parecido al de la mía; además él tuvo la difícil tarea de tener que despedirse de un niño, engañándome, como pudo, ese fue el camino que eligió, el que creyó mejor para mí, y supongo que aunque duro también para él, y yo no tengo nada, por eso él lloró y sufrió, y yo, me siento mejor que nunca
Pero aquel recuerdo no quedó allí, hubo algo más, algo que por aquel entonces creí que fue un sueño:
Noté un suave contacto en la frente, un cálido beso, deseé con toda mi alma que fuera mi madre, pero sentí un susurro grave que me alejó de aquella ilusión “Te quiero mucho Kiar, nunca lo olvides”. Abrí los ojos y descubrí a Swen llorando, se estaba despidiendo
-¡Shh! Duérmete, solo es un sueño- susurró con inmediatez al descubrir mis ojos abiertos, obedecí y volví a cerrarlos.
Desde aquel momento, desde aquellos trece años no lo he vuelto a ver, y ese día, y al siguiente, y durante unos cuantos más, no dejé de llorar como el niño que era, incluso es posible, que por dentro, todavía, siga llorando como lo hacía por entonces.
Lentamente volví a entreabrirlos, el continuo murmullo de las olas se escuchaba de fondo, me había dormido, y no solo el sol del día anterior se había ocultado si no que el de un nuev

Corrí como pude hasta llegar hasta la puerta del edificio, observé, con el corazón en la boca, como dos guardias bloqueaban una enorme reja de hierro que presumía ser la única entrada de aquella grandiosa edificación amurallada.
-Buenos días- saludé cortésmente
-¿Nombre?- espetó uno de los guardias
-¿Cómo?
-¡Su nombre!-elevó la voz el guardia mas delgado, y el que al parecer por su actitud chulesca y ególatra, debía ser el miembro con más rango del tándem-¿No lo entiende?
-Ki…Kiar- tartamudeé, pero al observar que aún no me había entendido, lo pronuncié más alto y con mucho más convencimiento- Me llamo Kiar y me están esperando.
El otro guardia, más joven y holgazán, gruñó algo inentendible cuando el compañero arqueó las cejas y dirigió la mirada hacía otro lado desinteresándose del asunto, por lo que se tuvo que volver malhumorado, sacar una pequeña llave con forma de tubo del bolsillo, y abrir una pequeña puertecita incrustada en el centro de la reja como si le fuera la vida en ello. Alzó una mano señalándome con un gesto que lo siguiera, repetí con la misma parsimonia los pasos que el daba, por lo que aproveché para observar lo que se escondía detrás de esa muralla enladrillada que delimitaba Shadows, y que desde el exterior era imposible de ver. Un camino de tierra serpenteaba por el resto del cercado, que estaba cubierto por matorrales y hierbajos que crecían a su antojo y se habían adueñado del desertado lugar.
A medida que me iba adentrando, la vegetación silvestre le comía más terreno al camino, volviéndolo cada vez más estrecho, y a medida que la maleza aumentaba, tras ella, aparecían todo tipo de cosas, desde ropa desgastada, descolorida y hecha jirones, todo tipo de basura, hasta diversos animales muertos en diferentes estados de descomposición, llenos de insectos y apestando todo a su alrededor. Aquel insoportable hedor me provocaba las arcadas que me anticipaban lo que se avecinaba si permanecía mucho tiempo más en las cercanías.