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sábado, 5 de septiembre de 2009

Valle Alto.-Capítulo 4

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Recordando Valle Alto...


La historia de Sergio y Alejandro (hermanos) hace tiempo que empezó. Sergio roza la treintena, Alejandro es un adolescente, su aparente "normalidad" cae en pedazos cuando a la puerta, llama el hermano mayor de ambos, Hugo. Y descubrímos que entre Hugo y Sergio hay problemas del pasado.
-Sergio era un chico problemático hasta que decidió que quería vivir su propia vida como quisiese, tres años después de empezar esta no le dejo hacerlo
-Sergio es adicto al café, y acude a una cafetería habitualmente de donde es socia Lorena, una de las pocas personas que pueden manejar a Sergio



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Y ahora...


Capítulo 4.- Adicto

Sergio salió del trabajo, cogió el coche y volvió a ir al “Café de la esquina”. Entró por la puerta, y buscó a Lorena por el local, no estaba, se volvió cabizbajo para irse cuando la vio apoyada a un lado de la puerta con un vaso desechable en la mano.
-¿Es para mí?- preguntó Sergio sonriendo, Lorena lo miró extrañada
-Di que sí, y a los demás que les den- respondió malhumorada- ya ni siquiera buenas tardes, como ha ido el día, que tal estamos…
-Lo siento- se exculpó- es que necesito un café, que se mezcle con mi sangre, que viaje por mi cuerpo, que me haga ser persona de nuevo
-Pues no, lo siento, no es para ti
-Bueno, ¿me puedes hacer uno?- Lorena le miró furiosa- ¿Por favor?
- Lo siento, es que vamos a cerrar ya
-¿Ahora? ¿Desde cuando cerráis tan pronto?
- Desde siempre
-Siempre está abierto a estas horas, además tiene la cafetería repleta
-¿Y que? Vamos a cerrar- lo miró, se volvió y gritó a la gente que estaba sentada merendando- Venga todo el mundo fuera, que vamos a cerrar-todo el mundo la miró extrañado pero siguió comiendo-
-Lorena Gilmardi.- susurró Sergio- no me creo que me estés haciendo esto
-¿Hacerte que?
-Matarme
-Hay muchos testigos, yo no te toco
-El café
-¡Ah! En serio, vamos a cerrar- sonrió Lorena- la ciudad está repleta de cafeterías, lo siento
- Que te molesta darme un café
-Vamos a cerrar
- La cafetera está llena
- EL café está frío
-Sale humo
- Es que está muy frío y el aire muy caliente, ya sabes
- Dámelo frío
-Así esta malo
-Da igual
-Claro para que desprestigies la cafetería diciendo que el café que sirven aquí es una basura
-Yo nunca haría eso
-Estamos cerrando, ya
- Por favor
- No insistas
-Bueno da igual, podré sobrevivir
-Me alegra escuchar eso
-Bueno ¿Y como ha ido el día?
- ¡Uf!, duro, estoy reventada, pero como ya vamos a cerrar- sonrió
- Bueno, ¿Qué motivo hace que tengas que cerrar extrañamente a media tarde?
- No te importa, además no es nada extraño que cerremos a media tarde
- Simplemente era por preguntar, como estás tan cansada, y tan malhumorada, por si podía hacer algo por ti, llevarte en coche, ya sabes
- ¿Si? Gracias, me vendría genial
- Y antes de irnos ¿Me podrías hacer un café?-
-Estamos cerrando- Sergio resopló
-Venga anda vamos
Abrieron la puerta, y salieron
-Toma anda- sonrió Lorena tendiéndole el café que tenía en la mano- es triple
-Eres mala ¿la sabías?- asintió
-Y tu un drogadicto
-Ya, pero tu eres mi camello, y no sé si es peor, si necesitar algo, o aprovecharte de quien lo necesita
- Por cierto, ¿vas a dejar la cafetería llena y te vas a marchar?
-Está Noelia, la cocinera, está del bando de Cecilia, así que podíamos decir que te odia, ¿que les habrás echo?- y se puso a rumiar
- No rebusques, que no le he hecho nada
-Pues no dicen lo mismo, algo de un pinar, sexo salvaje, dejarla tirada y llevarte sus braguitas
-Eso es mentira
-¡Ay! Pícaro, que escondido te lo tenías
- No inventes, anda
- Pero si te estás sonrojando
- No me estoy sonrojando, malvada
- ¿Y olfateas sus braguitas?
- Estas para que te encierren
Lorena montó la cafetería junto a Cecilia, compañera de universidad, cuando ambas la dejaron, hacía ocho años. Su madre siempre soñó con tener una pequeña cafetería con encanto, y ese sueño pasó a Lorena y esta lo cumplió como si fuera suyo, había terminado siendo de ambas. Los padres de Lorena tuvieron un accidente de tráfico. Un borracho que quintuplicaba la tasa mínima permitida de alcoholemia entró por una autopista en sentido contrario, tras un par de kilómetros creando el caos, chocó frontalmente contra el coche de los Gilmardi (sus abuelos paternos eran italianos). Murieron en el acto. Lorena se escondió en un pozo de negrura, amargura y soledad, acurrucada en el veía las horas pasar, pero había algo en ella que había permanecido todo ese tiempo dormida, pero tarde o temprano despertaría, y despertó, su fuerza, y comenzó a luchar contra todas las adversidades como nunca antes lo había hecho. La cafetería es una de las más conocidas, y con más clientela de la ciudad.
Sergio se adentró en la cafetería, como siempre, al borde del coma cafeínico, perseguía los aromas arrastras hasta que llegó al local. Quien le atendió fue Lorena, a la que al principio le dió miedo su especial adicción y la forma de comportarse, pero al llegar a la normalidad del primer sorbo, sonrió. Lorena le decía a Sergio que tenía un desdoblamiento de personalidad, o por lo menos dos partes muy diferenciadas, a veces cuando reía, o cuando bromeaba se mostraba tan infantil e inmaduro, pero cuando tenía que ser serio su actitud era extremista, pero en cualquiera de las partes era un bonachón que no hacía mal a nadie. Lorena pensaba que poco a poco iba adoptando rasgos de la personalidad de Sergio.
Sergio arrancó el coche, Lorena de copiloto le indicaba la dirección:
-La próxima a la izquierda-informó Lorena
-¿Tu izquierda o mi izquierda?
-Mi izquierda- se levantó y se dio la vuelta para ver si era la izquierda o la derecha de Sergio- Tu izquierda-Sergio reía a carcajadas cuando Lorena se dio cuenta- Pero si estamos en la misma posición
-Ya, pero siempre quise decir eso
-Sigue recto, y donde esta esa furgoneta roja a la derecha
-La furgoneta roja de tu derecha o de la mía- y volvió a reírse.
-La única que hay
-Pero no sé cual es mi derecha y cual es la tuya
-Está mano es tu derecha, y esa es la tuya- Sergio rió cuando Lorena le cogió la mano algo malhumorada
-¿Y mi izquierda?
-La otra
-La otra tuya o la mía
-La de ambos
-Pero si yo estoy sentado a tu izquierda
-Sigue siendo la misma
-Pero si estoy del revés, y por la regla de la simetría si yo giro a mi derecha tu tienes que hacerlo a tu izquierda
-Ni simetrías ni leches, gira ahora a la derecha
-Pero…
-¡Sergio!-gritó- era por aquella calle- dijo señalando la calle ya pasada
-Ves como era tu izquierda-
-A veces te odio
-No te engañes, siempre me quieres
-Y tienes suerte que si no dejaba de ser tu camella
-Por cierto ¿Tienes jorobas en la espalda?- Lorena bufó
Dieron la vuelta, y Sergio intentó repetir la misma conversación pero Lorena lo ignoró, se metieron por la calle a la derecha de la furgoneta roja, pero no encontraron aparcamiento
-Al final va a resultar que era a mi izquierda
-Cállate la boca ya, y busca aparcamiento cerca

Final Capítulo 4



viernes, 28 de agosto de 2009

Valle Alto Capítulo 3

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Recordando... Valle Alto


La historia de Sergio y Alejandro (hermanos) hace tiempo que empezó. Sergio roza la treintena, Alejandro es un adolescente, su aparente "normalidad" cae en pedazos cuando a la puerta, llama el hermano mayor de ambos, Hugo. Y descubrímos que entre Hugo y Sergio hay problemas del pasado.
-Sergio era un chico problemático hasta que decidió que quería vivir su propia vida como quisiese, tres años después de empezar esta no le dejo hacerlo
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Y AHORA....



Capítulo 3.- El café de la esquina



-¡Alejandro!- gritó Sergio con el coche ya encendido- O espabilas o coges el autobús
-Vete, vete- dijo Alejandro saliendo a la puerta- yo cogeré el autobús y voy directo al instituto
-¿Qué? ¿Estás seguro? Autobús, baches, suciedad, olor a orín, conductor que le huele el aliento.
-Podré soportarlo
-Preservativos por el suelo, compresas, mocos debajo del asiento
-No seas asqueroso ni exagerado, anda
-Bueno vale, pero un día encontré un chicle pegado de hace siglos
- Seguramente fue el chicle que pegaste tú la primera de las dos únicas veces que has montado en él.- Sergio sonrió
- Menuda penitencia, pillé piojos, pulgas, garrapatas y la triquinosis
- Vale me arriesgaré
-Me voy ¿vale?- Alejandro asintió y Sergio se volvió, pero volvió a volverse- Ultima oportunidad- Alejandro ya volvía dentro de casa.
A Sergio le extrañó, pero subió en el coche ya con la calefacción funcionando y se fue.
Bajo por la cuesta de la urbanización, paso por varias granjas con vacas, cerdos, caballos, etc… con sus respectivos excrementos, que Sergio evitaba para no terminar vomitando. Pasó por una carretera estrecha repleta de curvas cerradas, poco después se introdujo en una carretera convencional, kilómetros mas tardes se encontraba en la ciudad donde trabajaba.
Aparcó el coche donde pudo, normalmente era complicado y lo estresaba de mala manera, pero extrañamente a lo habitual, había aparcado relativamente cerca. Caminó los escasos metros que lo separaban, y allí a lo lejos vio el rótulo, debajo había una mujer encendiendo un cigarro, era pelirroja natural, y como todos los pelirrojos naturales, tenía pecas en la cara, era bastante alta, y de una complexión normal.
-¡Bueno! ¡Pero mira quien tenemos aquí!- dijo la joven mujer
- Lorena llevo viniendo aquí a desayunar todos los días, a la misma hora, desde ocho años
- Sigo teniendo la esperanza de que algún día no vuelvas
-Yo también te quiero- se apoyó en la vidriera de la cafetería donde ella trabaja, y él regentaba desde hacía todo ese tiempo
-Hace años que no escucho esas palabras
-¿Has probado dejar el hábito? Yo te lo quito si quieres- bromeó
- Imbécil, solo es una etapa mala- agachó la mirada
-No, es una etapa normal, aquello fue una etapa extraordinaria
-¿Y tu que Don Juan Tenorio?
-Por una vez no hablemos de mí
Sergio se situó a su lado en silencio
-¿Quieres café?-le señaló la puerta- Necesitas que te ayude a entrar
-Desesperadamente, estoy apunto de morir, necesito cafeína en vena
-¿Pero?
-Esta la amargada de Cecilia, que me odia, y me hace el café asqueroso, y estoy de diarreas una semana.- Lorena sonrió, apagó el cigarro por la mitad, y suspiró
- Dependes de mi como el aire, sin mi no se que harías
-Me digo cada día lo mismo
Lorena entró en la barra se puso el delantal en la cintura, e hizo café, Sergio se sentó en un taburete al otro lado.
-Aquí tienes- Sergio cogió el vaso desechable, le dio un gran sorbo al café caliente y humeante y lanzó un pequeño murmullo de placer.
-Ha venido mi hermano
-¿Quién?
-Mi hermano
-¿Quién?
-Mi hermano
-No estoy sorda, ya he odio lo de tu hermano, ¿pero que hermano?
-Solo tengo conocimiento de dos
-No me jodas ¿Me lo dices en serio?
-Si- Lorena le miró a los ojos, poco a poco la sorpresa le abría la boca
-¿Tu hermano, hermano?
-Si, mujer si, antes de yo nacer, mi padre plantó una semillita en…
- Soy demasiado joven para morir
-Eso mismo digo yo
-¿Qué le pasa al mundo?- Se quito el delantal, y lo tiró, Cecilia le echó una mala mirada
-Acabas de salir a fumar un cigarro- le inquirió
-Nena, crisis existencial, voy a desayunar, lo necesito.- La volvió a mirar mal, igual que a Sergio, suspiró y siguió trabajando- y eso que soy la jefa
-Socia
-¿Qué?-preguntó dubitativa
-Que eres socia de Cecilia, no la jefa- le corrigió Sergio
-Dame ahora mismo el café, y que te lo haga mi socia- intentó cogérselo, pero Sergio en estos casos desarrollaba unos reflejos extraordinarios
-No, no, no seas mala, pero sabes que para mi tú eres la mejor, que sin ti no soy nadie- Lorena sonrió tímidamente, y Sergio que se había levantado rápidamente volvió a sentarse. Lorena se hizo un café con leche, y trajo dos magdalenas de chocolate.
-Toma- le tendió una magdalena
-Yo no como chocolate
-Bueno pues déjala en el plato
Se miraron, segundos después dejaron las banalidades, y Lorena lanzó la pregunta clave
-¿Y que hace ese impresentable aquí?
- No tengo interés en saberlo, solo quiero que se vaya de mi vida
- Cada día me cae peor y eso que no lo conozco
-Pero eso es porque eres una buena amiga mía y estas condicionada con lo que te he contado
-No, cielo, no te equivoques, ante esta clase de personas, algo dentro de mí despierta, me reconcome y está a punto de liberar la bilis- Sergio la miró extrañado- ¿Un poco fuerte?-asintió- Lo siento- sonrió, le dio un sorbo al café con leche- Yo no lo hubiese ayudado
-Es mi hermano
-Pero el también es tu hermano, y no hizo lo mismo cuando tu grandioso padre abandonó a tu hermano Alejandro por perseguir a una de esas mujeres de dudosa reputación con las que siempre está, ya sé que toda su vida ha hecho lo mismo, y no estoy incluyendo a tu madre, pero compréndeme, tú tuviste que dejar tu vida, dejar de perseguir tus sueños y hacerte cargo de un crío cuando no era tu obligación, que tu padre es un irresponsable y nunca cambiará eso lo sabemos todo, pero hay tenía que estar tu hermano Hugo para cuidar de vosotros, y encima lo más increíble fue cuando fuiste a casa de tu “hermano” como tu dices a pedirle ayuda, y te la negó porque erais una mala inversión,
-Mejor que yo no la sabe nadie, pero sigue siendo mi hermano
-Eres idiota, lo sabes- Sergio alzó la cabeza- te lo digo desde el corazón
-Lo sé, créeme, ambas cosas.
Quedaron en silencio, pensativos, mirándose de vez en cuando, dando sorbos a los cafés
-Duerme en el sótano- sonrió
-¡Lastima! Pensaba que lo habías dejado en el porche –sonrieron- y aparte de eso ¿Qué vas hacer?
- Intentar olvidarme que está de nuevo en mi vida, pero ahora mismo le voy a dar un bocado a esa magdalena que tiene una pinta…
-¡Ja! Lo sabía, eres como un niño
-Eres mala ¿Lo sabes? La has puesto delante de mí para que me mire con esa carita achocolatada
-Venga, muérdela y verás como te ayuda
Le dio un bocado y sonrió, cuando Cecilia se agachó a recoger algo del suelo, y con ella se le bajaron un poco los pantalones, enseñando el tango y medio culo
-¡Dios! Que buena que está
-¿Quién la magdalena o Cecilia?- rió a carcajadas Lorena.









Fin capítulo 3





sábado, 1 de agosto de 2009

Valle Alto.- Capítulo 2

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CAPÍTULO 2.- Amanecer

El viento golpeaba bruscamente los cristales de las ventanas del número 23 de la urbanización Valle Alto, el cielo era negro casi en su totalidad, todo cubierto de nubes negras que avisaban de la proximidad de una fuerte lluvia. Uno de esos fuertes soplidos del viento hizo que crujiera el marco de la ventana de la habitación de Alejandro, e hizo que despertara del mundo de los sueños.
Miró el reloj digital que reposaba en su mesita de noche, varias rayas luminosas de color rojo marcaban un par de minutos por encima de las seis de la mañana. Exhaló un suspiro, sonrió, y se frotó la mano derecha contra los ojos, primero uno y después el otro, y estiró las extremidades. Sacó el pie derecho de la cama y lo apoyo contra el suelo, estaba helado, y lo volvió a introducir rápidamente en el interior de la colcha; se asomó desde allí e investigó la localización de las zapatillas de andar por casa. Se encontraban debajo de la cama, justo en la mitad de esta, se inclinó, metió los brazos y la cabeza entre el somier y el suelo, y estiró las manos… no llegaba, deslizó un poco los pies por la superficie de la cama para introducir un poco más de cuerpo, cuando la ley de la gravedad actúo y atrajo el cuerpo de aquel joven de apenas 16 años contra el suelo, y la cabeza se impulsó contra el somier. El suelo tembló al mismo ritmo que un estrepitoso sonido barrió toda la capa
-¡Ah!-gritó- me cago en mis… Maldita sea- colocó su mano sobre la zona dolorida, y cuando cayó en la cuenta de algo, se puso colorado; olvidó el dolor de inmediato como también de coger las dichosas zapatillas, y se levantó desde el suelo casi de un salto, miró hacía todas las direcciones, dentro del armario, a través del armario, etc… incluso barajó la opción de poner la habitación patas arriba para comprobar que no hubiesen cámaras ocultas que grabaran aquel episodio que tarde o temprano le pasaría factura, pero desistió la idea por estúpida.
Salió de la habitación, con las zapatillas puestas, efectúo una decena de pasos, se giró, abrió la puerta con delicadeza y la cerró de nuevo, era la habitación de Sergio. Saltó por encima de algunos objetos que se encontraba a su paso, calcetines, un par de libros, etc… Se estiró al otro lado y le comenzó a apalizar la modorra. Fue entrecerrando unos ojos que iban de un lado al otro. El sueño podía con él.
-Sergio- murmuró mientras le daba varios golpecitos con el brazo- es tarde
No recibió ninguna respuesta, optó por repetir el mismo proceso
-¡No!- respondió Sergio la segunda vez- ¡Cállate!
-Sergio- se preguntó como podía haber pronunciado esa palabra otra vez, la mano la tenía ya adormecida- tienes que trabajar
-Cállate una puñetera vez-gruñó- si no quieres volar escaleras abajo. Si quieres ir más temprano a mí trabajo y hacer horas extras por mí, coge el maldito coche, que las llaves están en el recibidor…-Alejandro ya no le escuchaba, estaba tronco- y no digas que es tarde, porque el despertador está siempre puesto a las 7:30 para que me dé tiempo a todo, incluso de ir a desayunar al bar de Sara, y tan solo son…-Abrió medio ojo y observó el despertador, o más bien el vació que había en el lugar, cerró el ojo, el peso del párpado rondaba la tonelada.
Paso un segundo, y otro más, y luego…


-Ahhhh!- un grito estridente salió de un cuerpo que se encontraba a varios decímetros de altura suspendido en el aire- ¡¡Que llego tarde!-Hasta ese momento había olvidado que él día anterior, de buena mañana, había estampado el despertador contra la pared. Cayó contra el colchón, Alejandro ni se enteró-Maldito, te dije que me despertaras - gruño saltó de la cama, y corrió despelotándose por el pasillo y se metió en el cuarto de baño.
Duró apenas diez minutos en afeitarse (con un par de cortes) y en ducharse, no sabía que hora era, solo que llegaba tarde, muy tarde. No encontraba ningún reloj, cuando las campanas de una iglesia algo cercana comenzaron a replicar, afinó el oído mientras contaba cada campanada con la mano. Terminaron y se miró los dedos, siete, solo habían siete dedos. Rezó porque no las hubiese escuchado todas, y cayó en la cuenta de que en la habitación de Alejandro había un reloj, tal vez el único, -está tarde compraré diez por lo menos,- se dijo. Subió serenamente las escaleras, marcando cada inspiración y cada expiración, relajándose a cada paso, pensando en pajaritos y cascadas o cualquiera de esas cosas que se usan para relajarse. Se introdujo a la habitación de Alejandro, dio pequeños pasos hacía la mesita de noche, cogió el reloj, marcaba un minuto después de las siete, suspiró dejó el reloj sobre la mesa, y salió de allí.
Alejandro seguía placidamente dormido, ingenuo de lo que le estaba sucediendo, mientras numerosos flashes destellaban en la habitación.
Un ligero sonido despertó a Alejandro, era el pitido del despertador que llegaba desde su habitación, se levantó, fue y lo apagó. Cuando se despejó un poco calló en la cuenta de dos cosas, la primera que su hermano no lo había apalizado después de haberlo despertado antes, porque al no encontrarlo en la cama, había supuesto que la broma había hecho que se levantara sobresaltado, sonrió, y la segunda que estaba percibiendo varios olores que no reconocía y no sabía de donde venían, lo dejó estar.
Cuando terminó de ducharse y vestirse para ir al instituto bajó a la cocina mientras se reía por lo bajo.
-Buenos días- dijo Sergio al verlo llegar
-Buenos días- respondió su hermano
-Hay zumo de naranja en la nevera-
Claro como has madrugado tanto, te ha dado tiempo-susurró Alejandro para sus adentros, y se le escapaba alguna que otra carcajada que no podía sujetar
Desayunaron tranquilos, y en ningún momento se comentó el tema de la broma madrugadora algo que a Alejandro le extrañó
-Ha sido buena la broma ¿verdad?-sonrió algo retraído
-Si- le devolvió la sonrisa- no ha estado mal
-¿No te enfadas?
-¿Por qué iba a enfadarme? Es una broma
-Porque te molesta que te despierten cuando no es la hora
- Eso no es verdad –corrigió Sergio
-¿Ah no?- soltó en tema irónico- Año 2001, primer día de 3º, con la señorita Pérez, te llamé diez minutos antes de que sonará el despertador, porque quería llegar a clase antes para coger el mejor pupitre, lejos de los macarras, y cerca de las ventanas, cogiste un cabreo que nos quedamos diez minutos en la esquina del colegio esperando para que llegase tarde. Año 2002 te desperté para que me llevaras a la parada de autobús que me iba de excursión de excursión, me quedé sin excursión. 3 meses después para ir a comprar un coche que era principalmente para ti, estuviste un mes sin comprarlo
-¿Pero a que jodió ir andando?-susurró
-¿Qué?
-Que no puedes catalogar a una persona de tener un mal despertar con solo tres insignificantes veces
-Llama a tu jefe y al instituto que hoy no vamos, y ponte cómodo que va para largo.
-No serán tantas
-Año 2002 el…
-Vale, vale- le interrumpió- lo asumo, tengo un mal despertar
-¿Mal?-
-Bueno, terrible-corrigió
-Mejor
-Pero hoy me lo he tomado bien- sonrió
-¿En serio?
- Si- respiró-
-Me alegro
Alejandro desvió la mirada, entonces Sergio quitó la sonrisa algo falsa y colocó la de venganza, está le era natural –Te vas a cagar-pensó, cuando Alejandro le volvió a mirar y tuvo que volver a colocar la sonrisa forzada
-¿Estás bien?-preguntó Sergio
-Perfectamente- respondió Alejandro-¿Por qué?
-Porqué tienes la frente colorada-
-No es nada- respondió- me abre rozado con algo- y giró la mirada
El reloj marcaba las nueve, hora en la que Sergio salía a trabajar.
Pocos días después de cumplir los dieciséis, Sergio dejó los estudios por dos motivos, porque se aburría solemnemente estudiando, y porque ya tenía edad para trabajar. Él siempre decía que pese a aburrirse había sacado muy buenas notas, y que eso tal vez porque en un periodo de su época era un superdotado colocado en un nivel inferior al suyo, Sergio y Alejandro siempre se reían, porque ambos sabían de sobras que el pasado de Sergio tenía capítulos enteros, de gamberrismo, drogadicción, robos, alcoholismo y un largo etc…
Pero cumplió los dieciséis y quiso vivir la vida a su manera, se puso a trabajar en un supermercado que aunque le pagaban una miseria le daba para pagar un piso compartido con un par de chicos, y para algo de comer. Dejó de meterse en follones, no tenía dinero para ello.
Se tiró tres años más en ese lugar, no le gustaba, pero era la vida que con esa edad quería tener. Lo que no sabía que en ese mismo momento, pasados tres años, la vida de la que huyó volvía para destruir la que tenía por aquel entonces, todo cambió por completo, nunca nada volvió a ser igual.

Cogió el maletín que tenía sobre la silla, se acercó a Alejandro y le plantó un beso en la frente a Alejandro que estaba con la mirada fija en una noticia del informativo matutino, y con un café en la mano, era adicto a él.

Sergio abrió la puerta, y se encontró un bulto recubierto de mantas en el felpudo, no había forma de saber donde estaba la cabeza. Miró al horizonte, entró en la casa de nuevo y fue a la cocina, Alejandro le miró dubitativo, mientras Sergio cogía una escoba

-¿Qué haces?- se sorprendió Alejandro
- Coger una escoba ¿No lo ves?
-¿Para qué?
-Para barrer- sonrió Sergio
-Ay que idiota soy- se golpeó la cabeza- y yo que pensaba que la escoba era para saltar a la comba
-Este niño es tonto-lanzó un murmullo, se volvió- haber explícamelo ¿Cómo vas a saltar a la comba con una escoba? ¿Esas tonterías dices en el instituto? ¿Tú que te piensas que tus brazos ruedan o qué?- se cayó un momento-¿Puedes hacerlos rodar? Porque si lo sabes hacer nos forramos. Primero pido una paga al gobierno por ti por que muy fino no estás, y después te vendo a un circo rumano- Alejandro suspiro y se puso a ver una pequeña televisión que había en la cocina- o chino, o mejor italiano, sea como fuere, ya que hay negocio venderé tu cuerpo que con 16 años estás apunto de llegar a tu edad más espléndida.
-Maldita sea la hora en la que se me escapó la ironía
-Haber-se puso ambos dedos índices en las sienes- estoy seguro que la mujer barbuda pujará por ti, pero no hay que olvidar que los enanos querrán carne joven
-Vas a llegar tarde a trabajar- advirtió Alejandro
-Que más da si no voy a trabajar nunca más, tú me vas a mantener el resto de tu vida- sonrió ante el gran plan que tenía en su mente cuando le llegó la gran inspiración- ¡Ostras! que no se me había ocurrido, te venderé al elefante
-¿Y como se supone que me vas a vender a un elefante?- preguntó desganado.
-Tú no te preocupes por eso que yo soluciono el asunto, y yo de ti y me preocuparía de otra cosa
-Haber ilumíname ¿De qué?-alzó la mirada y vio a su hermano con las manos en alto, no hizo falta nada más
-¡¡Agh!! Que asqueroso eres
-Te va a desfondar-y comenzó a reírse a carcajadas
-¿Ya se te ha pasado la crisis neurótica?
-Si-respondió- ¡Oh! No, no…
-Deja de imaginarme violado por un elefante
-Si no es por uno, es por dos-sonrió- ¡Dios! que flexible eres, y ¿como te puede caber todo eso?
Tras varios segundos
-¿Ya?
-Ejeje-
Bufó Alejandro
Está vez dejó pasar casi un minuto, Sergio llegaría muy justo a trabajar, pero estos inicios del día le alegraba todo lo que le quedaba de día, y el siguiente
-¿Y ahora?- preguntó Sergio
-Si
-¿De verdad?
-Si
-Mira que tienes imaginación, que cuando te das cuerda no paras- se descargó Alejandro
-¿Me estás llamando niñato?-
-Si
-Mira, si viene Dumbo con su familia al completo, no sabía volar pero estoy seguro que…Oh! Si- y volvió a poner las manos en el aire, marcando una medida
-Vale, ya vale, no eres un niñato
-¡Dumbo dame tu teléfono! Por si acaso…
-¿Qué haces con la escoba?- preguntó una vez más
-¿Otra vez?-resopló Sergio
-De acuerdo, perdón, pregunta mal efectuada ¿Qué vas a barrer con la escoba?
-Iba a saltar a la comba, ¿se puede barrer con esto?
-Eres insoportable-Sergio no paraba de reírse, incluso se le caían alguna que otra lágrima
-Hay un problema enorme, en la terraza,- esperó que Alejandro preguntara pero se había quedado en el segundo round- no sé si es un vagabundo- Alejandro se volvió con los ojos bien abiertos- o si es un gusano, aunque estoy convencido de que lo que es, un capullo integral con mantas en su cuerpo en vez de seda
Alejandro se levantó, no había caído en la cuenta de su otro hermano, y salió corriendo en su búsqueda
-No corras tanto que es mío- gritó Sergio- yo lo vi primero
-Cállate enfermo
-Simba- gritó Sergio mientras traspasaban la cocina
-¿Simba?
-En la primera película del Rey León, Dumbo visita a Simba, son amigos del alma, y le ha llamado, vamos que tiene el día libre y se ha apuntado a la orgía
-Lo jodido es que te lo crees y todo
-Y se toman un vermouth y unos panchitos observando como gateas y que no te podrás sentar en un año
Sergio intentó hacerle varias zancadillas a su hermano, y esté a su vez le tiraba casi todo lo que encontraba a su paso, cojines, el mando de la tele, etc… pero llegó antes a la puerta, un par de pasos antes, y la abrió
Sin duda era su hermano mayor, Ángel, escondido tras numerosas capas de mantas intentando paliar
-Ángel ¿Qué haces aquí?- estaba temblando de frío, no respondió
-Tú- gritó un par de veces Sergio, con el respectivo golpecito con la escoba, está vez si que despertó sobresaltado-¿Qué haces aquí?
-No podía dormir en el sótano- explicó
-¿Por qué?- preguntó Alejandro
-Por el maldito mapache, con esos ruiditos, como va mordiendo todo
Sergio dudó haber escuchado lo que había escuchado, si, lo ha dicho, pensó
-¡Jajaja!
-¿De que te ríes?-preguntó X se levantó
-No existe ningún mapache
-Claro que sí, yo lo he escuchado
-No sé que habrás escuchado, pero no existe, es lo que le decía a Alejandro para que no fuera solo al sótano
-Es verdad
-Os juro que lo he escuchado
-Y en todo caso-preguntó Sergio- ¿eres incapaz de haber llamado y te abro la puerta?- se volvió y se fue al coche para ir a trabajar
-Créeme, has hecho bien-pronunció Alejandro al oído de su hermano que entraba en casa, para entrar en calor.
-Te he escuchado-gritó Sergio- y compra mucha vaselina que también están invitados la Bestia, Timón y Pumba, y Pinocho, que es un niño, pero tiene una pedazo de nariz. Haber de donde sacó yo preservativos de ese tamaño

martes, 21 de julio de 2009

Valle Alto Capítulo 1

-Capítulo 1- Bienvenidos a Villa Locura

Un estrepitoso calambre de sonido resonó en una casa de la urbanización Valle alto a altas horas de la noche. Sergio zapeaba medio dormido, la cabeza le ladeaba. Miró el reloj que tenía colgado en la misma pared en la que se encontraba el sencillo y económico mueble, comprado en el Ikea, para colocar el televisor, y se extrañó que alguien llamase a su casa pocos minutos después de las dos de la madrugada.
Se calzó las babuchas, pero la pereza hizo que se dejara caer nuevamente contra el sofá, cuando el timbre volvió a sonar otra vez.
-En estos momentos no estamos en casa, deje un mensaje debajo de la alfombra que pone “Como manches mi casa lo limpias con la lengua”, justamente la que tienes bajo tus pies….esa misma, después de escuchar la señal, ¡Piii!- gritó ante la negativa de su cuerpo a moverse, sus ojos comenzaban a bizquear adentrándose en los dominios de Morfeo, pero una vez más el timbre lo devolvió a la realidad- Vale, vale me levanto- murmuró.
Dió un salto del sofá y comenzó a caminar con desgana por el salón hacía la puerta de entrada. Alejandro, apareció por el pasillo de la segunda planta de la casa con el símbolo de interrogación en los hombros y se apoyó en la barandilla de las escaleras, Sergio encogió los hombros, y continuó su trayectoria hasta el recibidor, abrió la puerta, y al segundo estaba nuevamente cerrada.
-¿Quién era?- preguntó Alejandro
- No te lo vas a creer- dijo al volverse, los ojos se le iban a salir de las órbitas, y la boca rizaba el suelo - ¡Ha llegado el Apocalipsis!- exclamó
-¿Qué?
-¡Rápido, no tenemos tiempo, pulsa el interruptor de emergencias!
Alejandro se aproximó a uno de los interruptores de las paredes de la planta de arriba, y lo pulsó.
-No va- gritó, aunque ambos sabían de antemano que justamente ese interruptor, el que accionaba la luz del pasillo hacía un par de meses que no iba. Algún día lo arreglarían- ¿Ahora que hacemos?
-No sé, piensa algo rápido-
-¿Pero cual es el color de la alerta?- preguntó Alejandro
-Tricolor- susurró Sergio con un aire misterioso
-¿Tricolor?- rió Alejandro- si eso no existe en los colores de las alertas
-Anda que no
-¿Y que colores son?-
-Negro, negro y muy negro
-Eso es solo un color
-Ya, pero como es tan peligroso mejor lo dividimos en tres partes para lograr asimilarlo
-¿Entonces la cosa es chunga?- Sergio asintió
-Venga baja- le dijo Sergio a su hermano pequeño, y este empezó a descender los escalones- ¿Qué haces?- preguntó Sergio
-Pues bajar
-Pero tírate por las escaleras, que no tenemos tiempo- Alejandro bufó y siguió bajando las escaleras con la misma tranquilidad.
-Tengo una idea- voceó Alejandro al poner un pie sobre la planta baja, su hermano ya estaba corriendo por toda la casa- Podíamos emitir el sonido de la alarma nosotros mismos
-Buena idea, hazlo
-¡Meeeee! ¡Meeeeee! –
-¿Qué diablos es eso?- murmuró Sergio parándose en seco delante de su hermano- Parece una oveja ¿No sabes hacerlo?
-Pues hazlo tú ya que sabes hacerlo.
-Yo es que lo tengo en mi cabeza- la voz ya llegaba desde la cocina
-Pues yo también-
-Pero como vas a tenerlo en la cabeza si no sabes hacerlo
-¡Déjame!
-Venga déjate de idioteces y ponte esto- le abasteció de algunas prendas y objetos que no tardó en poner cada cosa en su lugar. Se acercaron sigilosamente a la puerta
-A la de una- susurró Alejandro- a la de dos, y a la de tres- y la puerta se abrió por dos individuos vestidos con delantales, gorros de Papa Noel y mascarillas- ¡Venga acaba con él!- lanzó un grito de guerra que su hermano inmediatamente captó.
Sergio colocó ambas manos en la espalda ante la incrédula mirada del minuto que pocos minutos había llamado insistentemente al timbre, y en un movimiento veloz sacó dos objetos, uno en cada mano, y mientras que con el de la izquierda, spray antimosquitos, se lo rociaba por todas partes del cuerpo, con el de la derecha, un matamoscas, se lo lanzaba repetidamente contra la frente. Después de gastar medio bote, y de varias decenas de sacudidas, y ante la imposibilidad de acabar con el individuo, se introdujeron rápidamente en la casa dando un portazo
-¡Es inmune al ataque! ¡Estamos acabados!- Ambos corrieron al salón y se estiraron en el suelo y volcaron dos sofás sobre ellos- ¡No olvides que te quiero!- gritó Sergio
- Y yo a ti
El timbre volvió a sonar
-Venga chicos, que no hace gracia- aunque en el interior de la casa parecían no entenderlo de la misma manera y las risas desternillantes de ambos hermanos se extendían por todo el hogar.
Cuando la risa les devolvió la fuerza, se quitaron la indumentaria, se acercaron a la puerta y la volvieron a abrir, detrás de está había un hombre alto, musculado, trajeado y con una barba de tres días. Llevaba una camiseta blanca con varios manchurrones de spray, y la frente roja con cuadraditos blancos.
-¡Hugo!- susurró Alejandro mientras se abalanzaba alegremente contra su hermano mayor
-¿Cómo estás peque?-musitó
Sergio los observó desde la lejanía, aunque estuviera allí mismo, y se dio cuenta que tras ellos habían un par de maletas.
-¿Que haces aquí?- preguntó con frialdad
-¿No le vas a dar un abrazo a tu hermano mayor?
-¿A quién?
-A tu hermano
-¿A quien?- volvió a repetir
-A tu hermano
-¿A quien?
-Déjalo- pronunció y dió paso a un silencio cargado de tensión, pocos segundos después lo rompió- No tengo a donde ir ¿Puedo quedarme unos días aquí?
-Que bien- se contentó Alejandro- Puedes quedarte en la habitación de…
-No hay sitio- interrumpió Sergio
-Pero su la habitación…
-He dicho que no hay sitio- gruñó
-Déjalo Alejandro que tu hermano no me va a ayudar
-Yo no soy como tú, Hugo- apuntó Sergio- ni punto de comparación- se volvió hacia su hermano pequeño- Ve a buscar algunas mantas y sábanas
-¿Se va al sótano?- lanzó un quejido- pero...
-Ahora- le lanzó una mirada con dureza
-Pero…
-Alejandro ¿quieres que hablemos tú y yo seriamente luego?
Alejandro se fue de mala gana a buscar el ropaje.
-No quiero que me expliques nada- susurró Sergio, entrecerró la puerta, y de una argolla que había detrás de la puerta, sacó una llave grande y dorados con algunas zonas oxidadas, volvió a abrir al completo la puerta, lanzó la llave al aire, y su hermano la cazó- Puedes quedarte en el sótano, hay una cama, es un poco dura pero es suficiente ¿no?- asintió- hace mucho frío, pero con las mantas que te va a traer Alejandro apenas lo notarás- volvió a asentir- En cuanto a lo demás, si no te tengo que ver, me harías muy feliz- silenció- ¡Ah! Por cierto suele dormir allí un mapache, no te preocupes, no hace nada, a no ser que por la noche lo pises mientras duerme, en todo caso te arreglara la cara
-No hace falta- chuleó Hugo
-¡Oh! Y tanto que te hace falta- Se inclinó hacia atrás y le lanzó un puñetazo que lo tumbó contra el suelo. Hugo no se lo esperó, por lo que apenas tuvo tiempo para verlo venir- Si necesitas algo ya sabes donde vivimos- Sergio se volvió y entró en la casa, poco después llegó Alejandro cargado con el ropaje
-¿Qué ha pasado?- preguntó preocupado al ver que le sangraba el labio y dejó caer las mantas al suelo
-Tranquilo, que estoy bien
-¡Estás sangrando!
-Que no es nada, de verdad, que estoy bien
-Vale- se calmó- aquí tienes lo que necesitas, te he metido un bocadillo por si tienes hambre
-Gracias peque
- Que duermas bien, y ten cuidado con Petrus
-¿El mapache?- Alejandro asintió
Alejandro se volvió
-La cague, ¿Crees que algún día Sergio me perdonará?- dijo de repente Hugo
-Seguramente algún día lo hará- susurró Alejandro, todavía de espaldas
Al entrar en el dúplex fue directamente al salón, su hermano estaba tumbado en el sofá con el mando de la televisión en una mano y un cigarro en la otra. Le temblaban ambas manos.
-¿Cuándo piensas perdonarlo?-preguntó
-Cuando se lo merezca
-Me voy a dormir
-Buenas noches
Pocos minutos después, Sergio nuevamente estaba ya cabeceando cunado volvió a sonar el timbre
-Lo de que si necesites algo llames a casa solo era una formalidad- rugió Sergio, se levantó y fue hacía el recibidor- ¿Qué coño quieres ahora?- pero tras la puerta no estaba su hermano, si no la mujer más guapa que jamás antes había visto, o eso se dijo-¿Sí?- se sonrojó
-Hola soy Marta, la nueva vecina de al lado, espero que no le moleste que venga a altas horas de la madrugada, he tenido problemas con el coche y antes no he podido llegar

Aquella mujer de piernas infinitas, debía rondar la misma edad que Sergio, unos treinta años, aunque su rostro juvenil le acercaba más bien a la veintena. Su pelo largo y ondulado era de un negro azabachado, y sus ojos grandes se acercaban al azul del mar
-No es molestia, estaba despierto, ¿Qué desea?
-Me dijeron que viniese aquí por la llave, me da vergüenza llamarlo a estas horas
- No es molestia ¿Qué desea?
- Me dijeron que viniese aquí a por la llave
Por el pasillo de la planta de arriba se volvió a asomar Alejandro
-¿Hace falta que haga el sonido de alerta? Es que ya sé como es.
-No –sonrió- no hace falta- volvió a entrecerrar la puerta, y de otra argolla saco un llavero, y se lo entregó a la chica- Aquí tiene
-Muchas gracias, vecino
-Un placer vecina-
Cerró la puerta y sonrió, Alejandro seguía observando la escena desde la planta superior, rápidamente se percató de su presencia
-¿Cómo es el sonido de emergencia?- preguntó
-¡Tinoninonino!- pronunció orgulloso
-¿Ha pasado algo?
-No ¿por qué?
-¿Y porque haces la ambulancia?- comenzó a reírse
-¡Idiota!- exclamó- y ya puede coger la fregona y limpiar tus babas
-Yo no he babeado
- Pues entonces lo del suelo es una humedad, y quítate el gorro de Papa Noel y deja de hacer el ridículo

Final capítulo 1

miércoles, 15 de julio de 2009

Seguimiento Valle Alto

Puedes encontrar todos los capítulos de Valle Alto aquí, por sí te has perdido alguno

-Capítulo 1- Bienvenidos a Villa Locura-
-Capítulo 2- Amanecer-
- Capítulo 3- El café de la esquina-
- Capítulo 4.- Adicto-