martes, 29 de septiembre de 2009

Plumas de fuego 4.3

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Después estar todo el día, sumida en diversos pensamientos, tumbada sobre la arena de aquella playa, en el mismo sitio de lo ocurrido, volví al hospital a forcejear a base de miradas espeluznantes y silencios agresivos con Carmen, que finalmente acabó cediendo.
Me senté en una silla en el centro de la habitación. A un lado estaba la cama de aquel joven desconocido, al otro la de Iker, y yo justo allí en el medio de aquella burbuja de inconsciencia. Y aún así, sabía que podía traspasar esa burbuja con palabras. Comenzamos a mantener una conversación a tres bandas Iker, Daniel y yo. Le había otorgado ese nombre por llamarlo de alguna manera, tenía aspecto de tal. Era un juego, una manera de pasar el tiempo, pero a la vez una manera de intentar llegar a ellos. Los presenté, incluso los acerqué lo máximo que pude, vigilando no desconectar ninguno de los muchos cables que había por todos lados.
-Como te pillen las enfermeras, la que te va a caer va a ser buena. No me extrañaría nada que te echaran del hospital
Emití un chillido, el corazón me bombeaba rápidamente; cuando conseguí moderar el ritmo cardiaco después de aquel susto, ladeé la cabeza para descubrir quien era el poseedor de aquella voz que emitía tal grado de gravedad indicativa del paso de los años. Junto a ese sonido vivaz y ronco que erizó el vello de mis brazos le acompañaba un acento que demostraba que no era de ese lugar. Me sorprendí al descubrir que aquella poderosa voz procedía del chico con el que esa misma mañana me había cruzado cerca del ascensor. El de los ojos, aquellos ojos que te engullían hacía su interior, maniatada y te sacuden de un extremo al otro.
-Que se atrevan-respondí sarcásticamente- a lo mejor las que salen del hospital pero de una patada en el culo son ellas como intenten sacarme de esta habitación- el chico ni se inmutó, no pestañeó, no tragó saliva, ni siquiera se movió del lugar.
-¿De cual de los dos estas enamorada?-
-A ti que te importa-Comenzaba a tener la sensación que lo había sobrestimado, ahora lo que percibía de él era su grosería y su altanería. Se sintió ofendido por la respuesta y se marchó.
Después de algunas disputas con las enfermeras a causa por la incompetencia en su trabajo, o porque creía que Iker necesitaba más cuidados y que estuvieran más por el, bajé a la entrada a fumar. Instantes después apareció de nuevo aquel individuo que me miraba constantemente, pero que a su vez disimulaba cuando mi mirada se dirigía hacía el. Comenzó a acercarse pausadamente.
-Disculpa por lo de antes, no te conozco de nada y no me he comportado como debía
-Tranquilo- murmuré- yo estoy bastante tensa por todo lo que ha sucedido. Y bien- continué- ¿Porqué estás aquí?- pregunté con descaro
-Me han diagnosticado diabetes- comentó- y estoy aquí para que me enseñen a controlar el azúcar, administrarme la insulina, y todo lo que conlleva.
-Lo lamento- le dije apoyándole inconscientemente la mano en su hombro-ahora más que nunca tienes que cuidar tu salud- tiré el cigarrillo, y me giré para volver a la habitación
-¿Y tú?-
-¿Yo que?- mascullé extrañada
-¿Porqué estas aquí?- formuló la pregunta acercándose a mi- me he fijado que estas a todas horas en este maldito hospital, cuando es habitual que todo el mundo quiera irse de el.
-Ven conmigo-
Fuimos a la habitación, y le presenté a Iker como el gran amor de mi vida. Esté aún inconsciente y con su cuerpo inerte pronunció de sopetón “Te quiero”, palabras que me embelesaron, me hicieron sonreír, y provocaron chispas en mis ojos.
-¡Iker!- me abalancé sobre él- despierta- pero todo seguía con la tónica habitual
-Vaya- comentó emocionado- creo que el también te quiere a ti demasiado- dijo confirmando lo que mis oídos habían escuchado, pero aún así no me atrevía a reaccionar por si, como en otras ocasiones, hubiese sido alguna imaginación mía, algo que se aferraba con uñas y dientes a mi alma, una esperanza, que provocaba esos episodios de locura transitoria. Cogí ambas manos de Iker, me incliné y le besé suavemente en la frente- Despiértate pronto, Iker.
-¿Cuál es tu nombre?-murmuró
-¿Mi nombre? Esther- dije sin despegar la mirada del rostro de Iker
-Encantado de conocerte Esther, posiblemente el gran amor de Iker- me sorprendió- Yo soy Ewan
-Un placer Ewan-susurré- ¿de verdad crees lo que has dicho?
-Desde luego-sonrió-si no, so sabe lo que se pierde
Ewan volvió a su habitación, y yo esperé una vez más la caída de la noche, al cierre del horario de visitas, el ir y venir de las enfermeras… para abrazar nuevamente a Iker.
Todos lo días, a pesar de estar deambulando por la pura monotonía, me sentía casi feliz. Me encantaba estar a su lado, cuidado en cuerpo y alma de él, adentrarme en su cuerpo con la llegada de la noche, y lo único faltaba para que la felicidad fuera completa era que despertara y me dijera que sentía lo mismo que yo. No sé porque razón, pero cuanto más tiempo permanecía en ese estado de inconsciencia, como con la distancia, más dudas y miedos se creaban en mí
Poco a poco comencé a congeniar con Ewan, nuestra amistad iba en aumento, y cada vez nos conocíamos un poquito más. Hablábamos, reíamos, corríamos descalzos por los pasillos, me llevaba arrastras hacía lo que necesitaba… Así que cuando Carmen venía a ver a “sus hijos”, yo iba a visitar a Ewan, y cuando ella se marchaba, yo volvía a mi lugar.
Perdí la noción del tiempo allí dentro con esa nueva rutina, los días pasaban cada vez más rápidos, pero todo cambió a partir de la noche número veinte de la vida de Iker en la inconsciencia.
Me dormí una vez más entre su brazo izquierdo y su torso. Las pesadillas dejaron de amenazarme desde aquella vez, pero esa misma noche parecía que la habían tomado con Iker. Comenzó a chillar, encendí la luz. Levantaba los párpados y mostraba sus pupilas en blancos. Se movía sonámbulo de un lado al otro, o incluso, lo que era peor, poseído. Se levantó bruscamente en ese estado y comenzó a buscar desesperadamente algo por la habitación, mientras yo, asustada e hipocondríaca lo llamaba de mil maneras distintas, pero parecía no oírme. Instantes después empezó a escribir en un papel que encontró mientras canturreaba una extraña canción:



Un amor guardo dentro de mí ser,
Tan inmenso que sobresale de mi corazón
No puedo ocultarlo ni reprimirlo nunca más
Pues escrito a fuego lento en mi alma está
El destino ya anda escrito
Y nadie osará cambiar ni interrumpir
Tan majestuoso camino
Torturas y aberraciones, sangre y violencia
Llevará encadenadas a su alma y a su piel por siempre
La persona que desobedezca este escrito
Y maldigo a quién me tiente
Y maldigo al que lo intente
Provocará una ira descontrolada en mí
Y emanará la luz, y arderá el fuego…




Final Capítulo 4

6 volátiles plumas:

Pluma de fuego dijo...

Este episodio no lo he repasado, así que si encontráis alguna errata, que es lo más seguro, jeje, me lo decís. Un beso

Silencios dijo...

Me gusta hasta con erratas, mi niño.
La vena poética creo que no te la conocía o ¿si?
Soy bastante despistada, ya lo sabes.

Mis besos corazón, sigue por fiiiiiiiiiiiiiii

Por cierto la primera foto, me recuerda a mí. ¿Por qué será?

Ruth dijo...

Precioso Leindad.

Como todo lo que delinian tus dedos
convertidos en sendos pinceles,
que acarician el alma y el lienzo
de quien gusta de estos placeres.


Besos.

Pluma de fuego dijo...

Silencios gracias mi niña, no sé si conocías mi vena poética que aunque menos desarrollada ahora está en ese proceso.
Tienes razón en cuanto a la foto jeje, cuando la ví me recordó a tí
Un beso

Pluma de fuego dijo...

Muchas gracias Ruth, precioso poema

Noelia dijo...

Vaya o sea que Ewan se hizo el bueno con Iker y sabiendo le presenta a su novia Esther mmmmm porque de todas sabe la historia!! vaya vaya el Ewan le quita la novia estando Iker inconciente.

Besos

Noe