viernes, 28 de agosto de 2009

Nota

Como sé que unos seguís principalmente unas historias, y otros otras, intenté poner las cuatro hoy para que leyeses la que os interesase, pero no me ha dado tiempo, he estado muy liado estos días, y aunque las tengo bastante adelantadas, no las cuelgo sin antes repasarla. Pero bueno, no traigo las 4, pero si dos, ¿esta bien, no?


-Plumas de fuego.-Capítulo 1.1
-Valle Alto.-Capítulo 3

PD: Por si acaso hay alguna duda, Plumas de fuego (por ejemplo) el capítulo es el 1.1, eso significa que el capítulo es el número uno, y dentro de ese capítulo es la primera parte, ¿de acuerdo?
Pues ya está que los disfrutéis.
Besos

Plumas de fuego.- Capítulo 1.1

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Capítulo 1.- Desplegaos sentimientos.




¿Qué harías si tú modélica vida, o simplemente la vida a la que estás acostumbrado, a la que tienes cogida por la mano, cambia de un segundo al siguiente?
¿Si todo se desencadena a un ritmo tan vertiginoso que no puedes parar ni tan siquiera a intentar comprender?
¿Serás capaz de separar la más dura realidad de las más amargas pesadillas?
“Cada momento en la vida tiene su porqué, y cada porqué, su motivo, nada ocurre porque sí, simplemente es cuestión de equilibrio. Y creemos que el problema es mayor cuando no tenemos ni idea de los motivos ni de los por qué, aunque haya demasiadas alternativas para huir o enfrentarse a él, pero el verdadero problema es cuando las cosas que vienen solo tienen una única vía que seguir.”
-¡Iker, la comida está lista!- comenzó a gritar mi madre desde la cocina para devolverme a la realidad, me volví a ver el reloj de la mesilla de noche. Las 14:08 quedaban reflejadas en el luminoso de la pantalla. Me había despistado aproximadamente unos veinte minutos, absorto en los pensamientos a causa de ese párrafo escrito por algún compañero en un de mis libros de la Universidad, y que no sé porqué me había llamado tanto la atención. Tal vez solo me lo escribieron para recordarme que en la vida solo tenemos un camino que recorrer, por muy peligroso, o por muy complicado que sea este.
-Iker, o bajas ahora, o te quedas sin comer- los alaridos de mi madre resonaban por todas las paredes de mi casa, se introducía en mi columna vertebral, y me provocaba una larga serie de escalofríos.
Bajé las escalera lo más rápido que pude, incluso asumiendo el riesgo, al igual que otras muchas otras veces, de bajarlas rodando. Mi estomago empezó a producir sonidos que todos unidos podrían pasar como melodía un tanto grotesca producida por la escasez en mi alimentación de sólidos, pero supongo que era una melodía bastante común en los estudiantes que viven sin sus padres y se encuentra de lleno en época de exámenes.
Me dirigí hacia la cocina con esa hambre voraz, y aprovechando un descuido de mi madre, levanté la tapa de la olla para ver que era lo que provocaba ese delicioso olor.
-¡Bien!- grité entusiasmado mientras la boca se me hacía agua- has hecho zarzuela, no sabes como hecho de menos tu comida- y aunque noté una ligera sonrisa alagada en su rostro, enseguida se marchó cuando percibió que algo no era normal
-¿Te has lavado las mano?- articuló mi madre con su mirada desafiante al verme intentando meter un trozo de pan en la olla. Esa mirada la había adquirido hacía mucho tiempo, pero con el paso de los año había ido evolucionando, y ahora llegaba a provocar terror en mi padre, en mi hermana pequeña y en mí, y si ha eso le añadimos que estaba con la escoba en la mano en un modo más que amenazante, comprendí que la situación era delicada, que no podía mover el trocito de pan un milímetro más allá, y que no podía ni siquiera permitirme el lujo de rechistar. Regresé la mano lo más cauteloso posible, vigilando al milímetro cada detalle para evitar que el mínimo paso en falso le diera pie a que entrara en cólera si creía que me estaba burlando de ella, y me dirigí al lavabo, vigilando mi espalda, a lavarme las manos cuando escuché la voz de Esther.
-Hola Carmen. ¡Que bien huele por aquí!- exclamó ella con su habitual y peculiar sonrisa, que aunque no veía en esos momentos, sabía a ciencia cierta que estaba esbozada en su rostro, que desprendía esa luz, solamente por el timbre de voz que usaba en sus palabras.
-Hola Esther, venga vete a lavarte las manos y siéntate a comer- le inquirió mi madre, eso sí, sin mirada desafiante, sin escoba en la mano, y con un tono más afable, dado la predilección que siente hacía esa muchacha
-Vale Carmen, me las lavo y si quieres te ayudo hasta que llegue…
-¿Yo?- sonreí mientras ella daba un brinco debido al susto de encontrarme allí de improvisto saliendo del baño aún con las manos enjabonadas- Sigues sin enterarte que esta es la casa de mis padres- murmuré con cierta chulería, y con énfasis en la palabra “mis”, intentando evitar que mi madre me oyera y me dejara sin comer
-¡Iker!- gritó abalanzándose sobre mí, aunque en vez de darme un par de besos o un abrazo como era habitual en amigos que hacía tiempo que no se veían, aunque, sinceramente, en realidad solo habían pasado unas horas, pero para ella era eterno, me saludó peculiarmente con un tremendo y doloroso pellizco en la nalga que me dejaría la zona insensible un buen rato –Grita si te atreves- sonrió- ¿Por qué no me has llamado? Te he echado de menos
-La verdad- resoplé por el hecho de tener que explicarle una vez más el motivo- sabes que estoy en plenos finales, y no tengo tiempo para nadie, ni siquiera para mí, y solamente han pasado…-miré el reloj de muñeca- quince horas para que me eches tanto de menos. Además- proseguí- porque tu te hayas tomado un año sabático y no hagas nada, no significa que los demás tiremos el tiempo
-Anda, es verdad-su expresión se volvió un tanto preocupada, haciéndome llegar a creer que realmente no lo sabia, por mucho que supiese que así era- pues espabila y apruébalas todas- dijo-Y no vuelvas a hablarme así- volviéndome a propinar otro pellizco en la otra nalga que ya sería definitivo para que tuviese que comer de pie. Mi madre me recriminaría mi falta de educación, mi actitud, mientras ella mostraría su carcajada más pícara y silenciosa-Chilla, valiente- vocalizaría en silencio mientras continuaría riéndose. Empezaba a considerarme como hombre muerto.
Esther es mi compañera de piso, o sería más correcto decir, que yo soy un inquilino en casa de sus padres. Los padres de Esther tienen una casa cercana a la Universidad de Barcelona, pero estos ahora están viviendo temporalmente en un pequeño pueblo de la provincia de Lérida, y le dejaron la casa para que continuara con sus estudios, aunque finalmente, al menos este año, optase por no hacerlo. Como terminé yo en su casa es un tanto más extraño de explicar:
Esther es mi compañera de piso, o más bien, yo soy un inquilino en casa de sus padres.
Los padres de Esther tienen una casa muy cerca de la Universidad, pero estos ahora están viviendo en un pequeño pueblo de la provincia de Lérida, y le dejaron la casa a ella para que se quedara en la ciudad, y siguiese estudiando, aunque finalmente este año optó por no hacerlo, ya como terminé yo en su casa es un tanto más extraño de explicar:
Recuerdo aquella mañana calurosa de principios de septiembre como si fuera ayer, y como yo después de haber esperado hasta ultima hora para buscar un piso y seguir rechazando ofertas, los mejores estaban ya ocupados, y el resto no me interesaba, ya por la ubicación, ya por las condiciones del piso, o porque los inquilinos de ellas no me inspiraban confianza, me encontraba una vez más enfrente de la universidad arrancando papelitos con números de teléfono. Recuerdo como ella se me acercó de la nada para ofrecerme un piso en el caso extraño de que yo siguiese buscando a esas alturas. Si, la verdad fue muy chocante la manera que ocurrió todo, pero fue tan rápido, que mi capacidad para pensar si era una buena opción o no se nubló, y algo en mi, tal vez simplemente fuera la necesidad, arrancó las palabras de mi garganta para que finalmente sucediera lo que sucedió, no sé si fue algo rebuscado o paso porque tenía que pasar…
La contemplaba mientras se acercaba, no os engañaré, es una chica que llama la atención al primer golpe de vista. Mas o menos tenía mi edad, su pelo era negro como el azabache, rizado y extenso hasta varios centímetro debajo de la cintura, sus ojos eran de color miel o marrones verdosos, o amarillentos, la verdad, no sabría describir exactamente su color. Su complexión y su altura eran normales, aunque lo que más me llamó la atención de ella fue sus sonrisa cautivadora, aquella luz, que nunca escondía y eclipsaba todo lo demás. Es cierto que al principio me daba mucho miedo, tal vez se tratara de una psicópata, ya sé que era una chica y seguramente con mi complexión musculosa podría detenerla ante cualquier ataque que me intentara propinar, pero en la oscuridad de la noche, cuando las luces descansan, y los sueños resurgen mi vulnerabilidad me colocaría en la palestra, aún así decidí lanzarme al vacío, y sin paracaídas, a un golpe que sería casi mortal, aunque quizás allá abajo había alguna colchoneta que lo amortiguara, pero si no la había, durante el trayecto estaría orgulloso de haberme abierto de esa manera, y haber sido capaz de aceptar tanto riesgo. La alarma saltó cuando me dijo que no hacia falta que le pagara nada por el alquiler de la habitación, la casa era de sus padres y estaba pagada, y con solo pagar los típicos gastos de una casa (agua, luz, comunidad, comida) a medias sería suficiente,- perfecto, ya puedo echar a correr- pensé yo. Aunque era un poco escéptico de que aquella gran oportunidad se hubiese cruzado en mi camino, sorprendentemente la acepté, pasará lo que pasara mis padres vivían a pocos kilómetros de Barcelona.
El piso era bastante grande y espacioso, tenía cuatro habitaciones, y una buhardilla, un solo baño, un comedor salón, una inmensa cocina, y dos terrazas.
Todos los miedos se fueron al mudarme a su casa, en el preciso instante en el que entre por el marco de la puerta, y todo empezó a ir a pedir de boca. La chica era muy ordenada, sabía hacer de todo, y la convivencia era muy agradable, demasiado diría yo, hasta que paso lo que creía que iba a pasar, lo que comenzaba a sentir que tarde o temprano iba a suceder, comencé a enamorarme de ella.
Pero es algo que opté por ocultarlo, al menos intentarlo, nadie lo sabe y nunca nadie debe saberlo, no quiero perderla a ella, a ese vínculo; no nos engañemos, en cualquier amistad que aparece el amor, esta se va deteriorando poco a poco.
Pero es algo que opté por ocultarlo en lo mas profundo de mi ser, nadie lo sabe y nunca nadie debe saberlo, no quiero perderla; no nos engañemos en cualquier amistad que aparece el amor, esta se va deteriorando poco a poco. Sé que si soy fuerte en algún momento ese sentimiento apaciguará hasta desaparecer y aunque intento escaparme de el, me atrapa, y me es imposible dejar de sentir, quizás solo haga falta un poco más de tiempo, quizás algún día me devuelva me corazon, eso quiero creer.

CONTINUARÁ...

Valle Alto Capítulo 3

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Recordando... Valle Alto


La historia de Sergio y Alejandro (hermanos) hace tiempo que empezó. Sergio roza la treintena, Alejandro es un adolescente, su aparente "normalidad" cae en pedazos cuando a la puerta, llama el hermano mayor de ambos, Hugo. Y descubrímos que entre Hugo y Sergio hay problemas del pasado.
-Sergio era un chico problemático hasta que decidió que quería vivir su propia vida como quisiese, tres años después de empezar esta no le dejo hacerlo
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Y AHORA....



Capítulo 3.- El café de la esquina



-¡Alejandro!- gritó Sergio con el coche ya encendido- O espabilas o coges el autobús
-Vete, vete- dijo Alejandro saliendo a la puerta- yo cogeré el autobús y voy directo al instituto
-¿Qué? ¿Estás seguro? Autobús, baches, suciedad, olor a orín, conductor que le huele el aliento.
-Podré soportarlo
-Preservativos por el suelo, compresas, mocos debajo del asiento
-No seas asqueroso ni exagerado, anda
-Bueno vale, pero un día encontré un chicle pegado de hace siglos
- Seguramente fue el chicle que pegaste tú la primera de las dos únicas veces que has montado en él.- Sergio sonrió
- Menuda penitencia, pillé piojos, pulgas, garrapatas y la triquinosis
- Vale me arriesgaré
-Me voy ¿vale?- Alejandro asintió y Sergio se volvió, pero volvió a volverse- Ultima oportunidad- Alejandro ya volvía dentro de casa.
A Sergio le extrañó, pero subió en el coche ya con la calefacción funcionando y se fue.
Bajo por la cuesta de la urbanización, paso por varias granjas con vacas, cerdos, caballos, etc… con sus respectivos excrementos, que Sergio evitaba para no terminar vomitando. Pasó por una carretera estrecha repleta de curvas cerradas, poco después se introdujo en una carretera convencional, kilómetros mas tardes se encontraba en la ciudad donde trabajaba.
Aparcó el coche donde pudo, normalmente era complicado y lo estresaba de mala manera, pero extrañamente a lo habitual, había aparcado relativamente cerca. Caminó los escasos metros que lo separaban, y allí a lo lejos vio el rótulo, debajo había una mujer encendiendo un cigarro, era pelirroja natural, y como todos los pelirrojos naturales, tenía pecas en la cara, era bastante alta, y de una complexión normal.
-¡Bueno! ¡Pero mira quien tenemos aquí!- dijo la joven mujer
- Lorena llevo viniendo aquí a desayunar todos los días, a la misma hora, desde ocho años
- Sigo teniendo la esperanza de que algún día no vuelvas
-Yo también te quiero- se apoyó en la vidriera de la cafetería donde ella trabaja, y él regentaba desde hacía todo ese tiempo
-Hace años que no escucho esas palabras
-¿Has probado dejar el hábito? Yo te lo quito si quieres- bromeó
- Imbécil, solo es una etapa mala- agachó la mirada
-No, es una etapa normal, aquello fue una etapa extraordinaria
-¿Y tu que Don Juan Tenorio?
-Por una vez no hablemos de mí
Sergio se situó a su lado en silencio
-¿Quieres café?-le señaló la puerta- Necesitas que te ayude a entrar
-Desesperadamente, estoy apunto de morir, necesito cafeína en vena
-¿Pero?
-Esta la amargada de Cecilia, que me odia, y me hace el café asqueroso, y estoy de diarreas una semana.- Lorena sonrió, apagó el cigarro por la mitad, y suspiró
- Dependes de mi como el aire, sin mi no se que harías
-Me digo cada día lo mismo
Lorena entró en la barra se puso el delantal en la cintura, e hizo café, Sergio se sentó en un taburete al otro lado.
-Aquí tienes- Sergio cogió el vaso desechable, le dio un gran sorbo al café caliente y humeante y lanzó un pequeño murmullo de placer.
-Ha venido mi hermano
-¿Quién?
-Mi hermano
-¿Quién?
-Mi hermano
-No estoy sorda, ya he odio lo de tu hermano, ¿pero que hermano?
-Solo tengo conocimiento de dos
-No me jodas ¿Me lo dices en serio?
-Si- Lorena le miró a los ojos, poco a poco la sorpresa le abría la boca
-¿Tu hermano, hermano?
-Si, mujer si, antes de yo nacer, mi padre plantó una semillita en…
- Soy demasiado joven para morir
-Eso mismo digo yo
-¿Qué le pasa al mundo?- Se quito el delantal, y lo tiró, Cecilia le echó una mala mirada
-Acabas de salir a fumar un cigarro- le inquirió
-Nena, crisis existencial, voy a desayunar, lo necesito.- La volvió a mirar mal, igual que a Sergio, suspiró y siguió trabajando- y eso que soy la jefa
-Socia
-¿Qué?-preguntó dubitativa
-Que eres socia de Cecilia, no la jefa- le corrigió Sergio
-Dame ahora mismo el café, y que te lo haga mi socia- intentó cogérselo, pero Sergio en estos casos desarrollaba unos reflejos extraordinarios
-No, no, no seas mala, pero sabes que para mi tú eres la mejor, que sin ti no soy nadie- Lorena sonrió tímidamente, y Sergio que se había levantado rápidamente volvió a sentarse. Lorena se hizo un café con leche, y trajo dos magdalenas de chocolate.
-Toma- le tendió una magdalena
-Yo no como chocolate
-Bueno pues déjala en el plato
Se miraron, segundos después dejaron las banalidades, y Lorena lanzó la pregunta clave
-¿Y que hace ese impresentable aquí?
- No tengo interés en saberlo, solo quiero que se vaya de mi vida
- Cada día me cae peor y eso que no lo conozco
-Pero eso es porque eres una buena amiga mía y estas condicionada con lo que te he contado
-No, cielo, no te equivoques, ante esta clase de personas, algo dentro de mí despierta, me reconcome y está a punto de liberar la bilis- Sergio la miró extrañado- ¿Un poco fuerte?-asintió- Lo siento- sonrió, le dio un sorbo al café con leche- Yo no lo hubiese ayudado
-Es mi hermano
-Pero el también es tu hermano, y no hizo lo mismo cuando tu grandioso padre abandonó a tu hermano Alejandro por perseguir a una de esas mujeres de dudosa reputación con las que siempre está, ya sé que toda su vida ha hecho lo mismo, y no estoy incluyendo a tu madre, pero compréndeme, tú tuviste que dejar tu vida, dejar de perseguir tus sueños y hacerte cargo de un crío cuando no era tu obligación, que tu padre es un irresponsable y nunca cambiará eso lo sabemos todo, pero hay tenía que estar tu hermano Hugo para cuidar de vosotros, y encima lo más increíble fue cuando fuiste a casa de tu “hermano” como tu dices a pedirle ayuda, y te la negó porque erais una mala inversión,
-Mejor que yo no la sabe nadie, pero sigue siendo mi hermano
-Eres idiota, lo sabes- Sergio alzó la cabeza- te lo digo desde el corazón
-Lo sé, créeme, ambas cosas.
Quedaron en silencio, pensativos, mirándose de vez en cuando, dando sorbos a los cafés
-Duerme en el sótano- sonrió
-¡Lastima! Pensaba que lo habías dejado en el porche –sonrieron- y aparte de eso ¿Qué vas hacer?
- Intentar olvidarme que está de nuevo en mi vida, pero ahora mismo le voy a dar un bocado a esa magdalena que tiene una pinta…
-¡Ja! Lo sabía, eres como un niño
-Eres mala ¿Lo sabes? La has puesto delante de mí para que me mire con esa carita achocolatada
-Venga, muérdela y verás como te ayuda
Le dio un bocado y sonrió, cuando Cecilia se agachó a recoger algo del suelo, y con ella se le bajaron un poco los pantalones, enseñando el tango y medio culo
-¡Dios! Que buena que está
-¿Quién la magdalena o Cecilia?- rió a carcajadas Lorena.









Fin capítulo 3





martes, 25 de agosto de 2009

Las etapas del sufrimiento 2/3






Para leer la primera parte clicka AQUÍ

PERSONAJE 2

-Ira

Llegar a casa, y rápidamente estirarse sobre la cama, e intentar cerrar los ojos, y que al abrirlos descubrir que todo ha sido una terrorífica pesadilla, y respirar sudoroso, y quitarme el peso que tengo en el alma, pero los abro y sigo estando en esa maldita realidad, pero vuelvo a intentarlo, ahora los cierro mucho más fuerte, mucho más tiempo, y conseguir de nuevo dormirme en esa pesadilla que se asemeja tanto a la realidad. Pero no puedo dormirme, hay algo que me lo impide, algo que me aprieta, algo que me ahoga, y me doy cuenta de que llevo un rato llorando, de que la realidad es realidad y punto, me guste o no, el problema es que no puedo soportarla, y me levantó rápidamente y empiezo a golpear todo lo que me rodea, sin importar lo que sea, sin importar su valor, sin importar el daño que me pueda causar, solo quiero verlo todo destrozado, todo hecho pedazos, como estoy yo, y sentir dolor en todo mi cuerpo, para calmar el que tengo en el interior, o por lo menos, apartar a un lado, esa locura que me ciega, esas ganas de acabar con todo, esa maldad irreconocible, esas ansias de hacer daño y reviento… ¡Maldita puta! Porque has tenido que cruzarte en mi camino, porque has jodido mi vida… Y sé que se lo tiene merecido, si, por estar donde no debía, por intentar acabar conmigo, por intentar que pagara carísimo un diminuto error. Solamente es chusma- grito al aire mientras sigo golpeándolo todo- Basura que alguien se olvido de recoger, escoria. Una hija de puta, un aborto provocado, una mancha en el colchón. Pero se ha equivocado completamente, ha perdido la vida, y no me van a encontrar, no voy a ir a la cárcel, porque no hay pruebas, nadie me vio, me fui demasiado rápido, además ante el mínimo indicio de que eso suceda, de que me encuentren, pienso buscar a cada una de las personas que había a su alrededor, y machacarlas (como estoy haciendo con mi casa) e infligirles dolor (como me estoy haciendo conmigo mismo). Y vaya si soy capaz, no saben con quien se ha cruzado, no saben quien soy yo.

-Negación

No sé porque me estoy martirizando de esa manera, esa tensión, si fue ella quien se entrometió, yo no soy culpable de nada, es más, soy la victima por todo lo que estoy pasando, seguramente solo ha sido un pequeño susto, seguro que se a levantado algo aturdida, y esta en su casa tranquilamente sonriendo. Lo más seguro que no me denuncie, porque sabe que va a perder si lo hace, que yo no he hecho nada, que yo soy una buena persona. Además seguramente era una de esas personas raras y marginadas que nadie quiere y que no tiene nadie a su alrededor, que en el colegio le hacían la vida imposible y le apedreaban, que le falta un hervor, que esta para que la manden a un psiquiátrico, pero habrá llegado a su casa enfurecida, maldiciendo a todo dios, y lo habrá contado todos, pero debido a la persona que lo contaba solo pensarían que era otro episodio psicótico ¿Y toda esta sangre? Mmm… solo es pintura

-Miedo

¿Y si lo ha denunciado? ¿Y si está muerta y están apunto de encontrarme? No puedo moverme de mi casa, voy a apagar las luces y cerrar todas las persianas a cal y canto, no pueden pensar que estoy aquí. Ni siquiera puedo moverme de donde estoy, acurrucado en suelo, no vaya ser que con el mínimo movimiento haga ruido y me descubran. Cualquier ruido ajeno, extraño, me vuelve loco, me altera, hace que lata a mil pulsaciones, me mata. Seguramente si lo hacen, encontrarme, desearé el resto de lo que me quede de vida morir, me dolerá todo, me insultará todo el mundo, me pegarán, me llamaran asesino y me escupirán, pasaran al otro lado y me miraran de soslayo, me odiaran. Y si no lo hacen, no podré salir a la calle, todo el mundo lo sabrá, son cosas que quedan grabadas en el alma, son cosas que se ven a través de los ojos. Ahora solo quiero quedarme en silencio y dejar de pensar, pero la duda y el miedo, no me dejan hacerlo

-Culpa

¡Dios mío! ¡Pero que he hecho! Comencé a gritar mientras me miraba al espejo, la cara la tenía desfigurada, y en mi frente estaba escrita con sangre la palabra “Asesino” y tras de mi, aquella joven con un vestido blanco ensangrentado.- ¿Por qué lo hiciste?- Y se rompe el hechizo, o aquello que fuera lo que me alejaba de la verdad, y vuelvo a la realidad, a mi yo verdadero, y me doy cuento de lo hecho, solamente la enorme culpabilidad, solamente…. Y me derrumbo, y aulló como un perro herido, y lloro, me revuelco en el dolor, y con todo ello pierdo un trozo enorme de vida, un trozo de corazón y de alma, un trozo de humanidad para dejar que sea consumido por la oscuridad, por aquellas tinieblas que no sé cuando se instalaron en mi, tal vez siempre estuvieron allí, tal vez siempre fui este hijo de puta, tal vez creí ser lo que no era, lo que nunca fui ni seré.
Y salgo a la calle, el aire lo sabe, me golpea, todo el mundo me mira, pero yo agacho la mirada y empiezo a caminar, siguiendo un impulso mis pies van solos. No sé donde voy


-Depresión

Y sigo caminado, derramando lágrimas a mi paso, dejando huellas de la poca esencia que me queda. Pero a nadie le importa lo que a este monstruo le pase. Y me alejo de todo el mundo al menos dos metros, a la otra cera, no vaya ser que mi maldad sea contagiosa, apenas ni respiro, no vaya a ser que corran peligro, y no digo nada, no me despido de nadie, del mundo, solo respiro lo que puedo, y miro las cloacas, lugar donde debería vivir, con todos los desechos del mundo humano, con toda la mierda, una más no será un problema. No merezco estar con nadie, y no intento suicidarme para no llenar a quienes me descubran de horror, aunque realmente sería mejor así, acabar con el perro para acabar con la rabia. Asunto resuelto.


-Aceptación

No, no quiero engañarme, el asunto no está resulto, queda toda la vorágine del dolor, amigo íntimo de la muerte, compañero de fechorias cuando esta ultima actúa. Una se apropia de lo que sea que quede de los muertos, y el otro de que sea que quede de los vivos, esa explosión de sentimientos negativos que te hacen creer que estas muerto. El dolor de los seres queridos y de nuevo sus fases.
Pienso ir a sus casas a pedirles perdón, suceda lo que suceda, tengo que ser un hombre y ser responsable de las consecuencias de mis actos, y confesarles lo que realmente sucedió, un infortunado accidente, pero que no la ayudé, eché a correr sin más, no sé porque razón, pero corrí como si mi vida dependiera de ello, y durante el camino rezaré para que continúe viva, o para que si no lo está, consigan volver a vivir lo antes posible, ya sé que ahora no vale de nada, no puedo hacer nada más, bueno sí, lo que estoy haciendo ahora, entregarme a la policía, porque creo que no se merecen pasar por el mar trago de tener que ver la cara a este asesino
Próximamente... Ultima parte

lunes, 24 de agosto de 2009

Plumas de fuego.- 2º Prólogo

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Segundo prólogo .- Lo que empieza…

Al principio catalogar a una persona (algo incluido en el término humanidad) como buena o mala, es mucho más sencillo de que finalmente es.
Cada persona tiene las mismas plumas adheridas al alma, sentimientos puros que salen a reducir inconscientemente en mayor o menor medida dependiendo de las situaciones en las que nos encontremos; y justamente eso, es lo que nos diferencia los unos a los otros, si estamos más próximos a la bondad o la maldad, si hacemos las cosas de corazón, o utilizamos más la razón, la situación en la que nos sale a relucir determinado sentimiento y la potencia con la que estos salen.
Tengo algo que contaros, una historia, aunque no sé si es una leyenda, o quizás una realidad. Hace tiempo que no encuentro la línea que separa una cosa de la otra, pero aún así os la contaré para que lo decidáis vosotros mismos, ya que yo no me encuentro en la mejor opción para decidir.
Os voy a dar un consejo, no os dejéis engañar por lo que se encuentra ante vuestros ojos, pues aun así hay parte de la realidad que desconocéis, que se oculta entre las sombras o permanece en la penumbra esperando determinado momento en el que pueda salir al acecho. Tal vez al descubrir esa realidad, todos estemos en peligro.
Tampoco os dejéis engañar por lo que creáis en el silencio de vuestro pensar, es mucho más sencillo de lo que creéis engañar a la razón, mostrar espejos ante vosotros que no existen, palabras que reproducen sentimientos que nunca salieron a la luz, y luego, al caer el telón, al romper los cristales de los espejos, descubres que no sabes quien eres, ni siquiera donde estás, y aún así la vida sigue pasando, y tu perdiste el tiempo.
Escribir esta historia no entraba en mis planes, y ya que dispongo de demasiado tiempo libre, y aunque quiero que todos la conozcáis, realmente no es para vosotros para quien está escrita. Hay varias personas que al leerla, descubrirán que va dirigida a ellas, espero por el bien de todos que finalmente la lean.
Esta historia es algo curiosa, porque no es del todo mía, aunque de ella formo parte. Yo la conozco de lo que en su día me contaron, y espero contarla con los mismos detalles y la misma intensidad que yo percibí. Quizás sea demasiado complicado escribir una historia así, de la manera en la que lo voy hacer, pero creo que es justo para todos los protagonistas. Pero ahora queda poco tiempo, están apunto de apagar las luces y lo mejor es que lo deje por hoy y empiece mañana a contárosla.
fin del segundo prólogo

viernes, 21 de agosto de 2009

Plumas de fuego.- Prólogo (5ª Parte)

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-RECORDANDO.... PLUMAS DE FUEGO

- Kiar está viviendo en la oscuridad desde que su familia lo abandonó, luego lo hizo Swen, ahora solamente vive allí con la soledad
- La señora Clink le da una carta del CSA (Consejo Superior de Ancianos) en lo que le reclaman para un misión bajo pena de muerte
-Kiar recuerda que último día que vió a Swen este tambien había recibido una carta del mismo consejo
- Kiar va al edificio Shadows como mencionaba la carta, y después de pasear por varios pasillos nauseabundos, hasta que al traspasar una puerta, se enciende una alarma. Rápidamente se crea un gran revuelo. Kiar es llevado a una sala acristalada, protegida por varios guardias. Es posible que corra peligro. Los guardias pasan corriendo con sus armas por delante del cristal, después de horas la alarma se apaga, y aparece Swen con un bebé en los brazos, Kiar siente un escalofrío, no entiende nada, solamente que Swen y el bebé están en peligro, posiblemente él también lo esté.
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AHORA...
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Toda aquella tensión acumulada, aquel miedo, aquella situación incomprendida, no iban a desvanecer mis ansias por cambiar de aires. Era el impulso que necesitaba para vivir, para dejar atrás el dolor, para abandonar la soledad, era una nueva oportunidad. Las alarmas se volvieron a activar.
Varios de los guardias que habían abandonado la sala acristalada minutos antes, regresaron exhaustos y sudorosos, y permanecieron varios minutos en la misma posición de vigilancia que anteriormente, quizás estaban allí por si acaso Swen y el bebé volvían.
-Vas a tener que dormir aquí- informó Ethan deformando la figura semicircular.
-¿Dormir? ¿Aquí? Todavía no sé ni para que me llamaron- espeté molesto por la falta de información.
-Mañana lo sabrás todo- contestó- ten paciencia, hoy no puede ser, hay un peligrosísimo individuo merodeando por el edificio
¿Peligroso, Swen? ¿Qué había hecho? Me pregunté, y comencé a tener pánico de estar en el bando equivocado, a temer por mi vida ¿Hasta donde estaba dispuestos a llegar?
-¿Quién es?-disimulé- ¿Y porque es peligroso?
-No podemos darte esa información, es confidencial, ni siquiera la sabemos nosotros, solo recibimos ordenes de capturarlo con vida para evitar graves daños al país.
Estaba totalmente desorientado, ¿Swen problemático? Si había algún adjetivo que no pegaba en absoluto con Swen era problemático. ¿Y si lo estuvieran buscando por haber desertado de la misión de la carta? Era lo único razonable, y aún con esas me parecía realmente extraño ver a Swen con un bebé en brazos correteando por la boca del lobo.
Swen tenía aproximadamente cuarenta años cuando se fue, así que ahora rondaba la cincuentena, y a pesar de eso, del transcurso de diez años, lo había encontrado exactamente como la última vez que lo vi. Aquel hombre fornido, era de una estatura media, su pelo era negro aunque tenía varias zonas que iban caneando, siempre fue amable con todo el mundo, risueño, vital…
Al cabo de varias horas, el sonido, el juego de luces rojas, y el correteo de cientos de guardia se disiparon para alivio de mi cabeza, y ante esa señal de calma tras la tormenta, otra se despertó en mi interior, no sabía si lo habían atrapado con vida, si lo habían matado acribillado a balazos, o había escapado.
-Vamos, que por hoy ya nos hemos retrasado demasiado- comentó uno de los guardias
-Finalmente vas a tener suerte, no vas a tener que dormir aquí- me informó Ethan.
Regresamos a la sala en la que nos habíamos quedado antes de que saltara la alarma. El olor del pasillo anterior seguía golpeando, pero en esa sala había algo más, un olor diferente, incluso mas adherido al aire, olía a sangre seca en grandes cantidades, o algo parecido, pase la sala corriendo, otra vez, tan rápido como pude.
Me incliné para poder respirar mejor, y al alzar la cabeza, reparé que allí, a escasos metros de mi, se encontraban cinco guardias al que se les unió Ethan, y un anciano vestido con una túnica de un blanco impecable y un sombrero de pico morado. Su cara estaba oculta con un pañuelo de seda negro, aunque aquella intensa mirada de ojos verdosos y muy rasgados evidenciaba la peligrosidad del anciano que debía ser uno de los miembros del Consejo
-Bueno Kiar- aplaudió- por fin ha llegado tu oportunidad- murmuró
-¿Mi oportunidad para qué?
-Para ser feliz-sonrió maliciosamente- que realmente si alguien lo merece eres tú, después de todo lo que has pasado, después de que tus padres y tus dos hermanas pequeñas se fueran sin tí, del abandono de Swen, y lo más importante, después de…
-¡Cállate! Como se te ocurra pronunciar esas palabras te mato, te lo juro
-Pues venga Kiar, que ya hemos perdido demasiado tiempo por hoy, apresúrate ha meterte en la cápsula…--buscó entre alguno de los papeles que tenía en la mano- número cinco-La sala estaba llena de capsulas esféricas, debían haber entre veinte o treinta, todas estaban perfectamente numeradas.
-¿Qué ha pasado con aquel hombre que perseguían los guardias por los pasillos?- pregunté con descaro
-¿Qué hombre?
-No me venga con tonterías- pronuncié con cierta brusquedad- con todo ese tiempo en el que la alarma ha estado sonando, seguramente todo el edificio se haya dado por enterado- los guardias encontraron mis palabras amenazantes, o cuanto menos peligrosas, y venían hacia mi, el anciano los detuvo con un gesto con la mano
-Kiar, ves al grano ¿Qué quieres preguntarme?- gritaba violento mientras se aproximaba a mi- ¿Si Swen, aquello hombre que hombre que cuidó de ti tanto tiempo sigue vivo?- asentí, cuando un sudor frío comenzó a descender desde la nuca hacia la espalda, y un dolor ardiente, metálico, me perforó el pecho- El que no tiene que venir con tonterías ni con actitudes chulescas es usted, así que métase de inmediato en la cápsula número cinco.
El dolor aumentaba, varias y diminutas descargas se paseaban por mi pecho y por mi abdomen, bajé la mirada, en mi pecho tenía clavada horizontalmente medio cuerpo de una daga que el anciano empuñaba. La sangre brotaba rápidamente y se deslizaba por toda mi piel hasta caer en un pequeño charco en el suelo.
-Ahora ya no depende de mí que sigas con vida- emitió con sarcasmo el anciano- si quieres vivir sube de una maldita vez a la capsula.
-Iba a subir de todas formas- grité con la mano sobre la herida- no hacía falta llegar hasta este punto.
Me di la vuelta, noté que algunas lágrimas se paseaban por mis mejillas, tal vez era impotencia, tal vez dolor, tal vez ambas. Subí unas escaleras de aluminio y me introduje en la cápsula metálica de color dorado con el número cinco dibujado en negro. En el centro de esta había una pequeña ventanilla.
Al sentarme en el asiento, la compuerta de la capsula comenzó a cerrarse con un sonido de aire comprimido liberándose rápidamente. Ya no había vuelta atrás, ya no había otra opción, si es que alguna vez la hubo. Cuando la compuerta estaba por la mitad de su trayecto, un papel cayó de uno de sus engranajes hasta el suelo, esperé con disimulo hasta que la puerta estuviera cerrada por completo; en ese mimo instante, un insoportable ruido emanó de la capsula, y aún así conseguía escuchar las voces que hablaban fuera. Allí dentro sentía una especie de claustrofobia. La capsula era muy pequeña y estrecha, apenas podía colocar bien los pies. Esperé a que llegara el momento idóneo, y me incliné velozmente a coger el papel que se había caído. Era una hoja doblada en cuatro partes, la desdoblé y comencé a leerla.
Querido Kiar:
Ya sé que esta no es la mejor manera de explicarte algunas cosas, aunque si finalmente has encontrado esta carta, te quedará poco tiempo para leerla.
-Señor, quedan treinta segundos- había escuchado que comenzaban una cuenta atrás.
No tengas miedo de nada, todo estará bien muy pronto.
Me hubiese gustado haber tenido tiempo para poder explicarte algunas cosas como es debido, pero ahora creo que es mejor así, que al menos sigas teniendo una ínfima parte de toda esa inocencia que tenías cuando me fui, y que alguien te está tratando de arrancarte violentamente.
También me hubiese gustado poder despedirme de ti como es debido, al igual que la otra vez, pero no pudo ser, espero que me perdones, y si no lo haces, tengo la esperanza de que al menos algún día lo comprendas
-Quince segundos- llegaba tan crucial y desconocido momento, mi corazón impulsaba todo mi cuerpo- esta todo preparado.
Lucha por tu felicidad, y por los que te rodean, sueña, nunca dejes de hacerlo, tengo confianza en ti, sé que siempre harás lo correcto, lo que te dicte tu corazón
-Quedan diez segundos- tenía claro que iba tener tiempo a terminar de leerla, era imposible, y aún así no podía dejar de hacerlo
-Eres pura bondad…
-¡Siete segundos!- gritaba una entusiasmada voz ronca en el mismo momento que una luz casi cegadora explotó de la nada. Cambié la carta a la mano de la herida, y la volví a llevar a esta. La otra mano la apoyé contra el cristal para intentar ver algo.
La puerta se abrió y una persona con una túnica de color negro avanzaba hacía el grupo.- seis segundos- forcé al vista para averiguar de quién se trataba, ¿Tal vez fuese Swen? Aquella persona tenía un sombrero de pico dorado, y la cara también tapada por una tela. Solo se le podían ver unos ojos que tenía constantemente cerrados, aunque durante un breve instante los abrió
¡Esos ojos! ¿De que me son familiares?
-¿Es necesario que traigas eso?- le recriminó el anciano
- Para lo que importa, tampoco se acordará- me costó mucho más trabajo escuchar lo que decía, por su tono de voz tan suave y frágil.
-Cuatro segundos- aquella voz conseguía ponerme cada vez más nervioso. Seguí examinando al nuevo miembro presente en aquella repugnante sala, y pude observar que tenía algo sujeto con su mano.
-¡Tres segundos!- no, por favor pensé
-Esperar un momento- grité. Ni se enteraron
¿Era una cabeza? ¡Dios! Tenía la cabeza de una persona en su mano sujeta por el pelo
¿De que me sonaba esa cara? ¿Quién era esa persona? ¿Y de que me conocía?
-¡Un segundo!-Agudicé al máximo la vista, rezando de que ese segundo fuese el mas lago de la historia, o simplemente que esa dichosa máquina no funcionase, pero todo empezó a dar sacudidas de un lado al otro, mi cabeza golpeaba constantemente contra el cristal de la cabina, pero ese segundo consiguió arrancarme varias lágrimas, un suspiro, una puñalada en el corazón, como si la daga hubiese ascendido varios centímetros, el alma, la inocencia, la vida, al descubrir que aquella cabeza, era la cabeza de…


Final Prólogo


martes, 18 de agosto de 2009

De mis entrañas 1.2

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Ante cualquier sugerencia, duda, o cualquier otra cosa mi email es detras_de_la_luz@hotmail.com
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Para ser sincero, la cafetería era de instituto, uno nuevo para mí, y para continuar siéndolo, a partir de ese momento comencé a sentir calor, un intensísimo calor en el pecho que poco a poco intentaba conquistar las tierras glaciares de mi cuerpo. Entonces supe que era ella. No tenía dudas.
Por aquel entonces contaba con catorce años, un joven soñador y romántico que fantaseaba cada vez que la veía, que soñaba en hablarla, en besarla, en que lo miraba, aunque solo fuera de soslayo, le daba igual, necesitaba que lo hiciera, tal vez así, su corazón volvería a funcionar, a pesar de que nada más verla mostraba su bravura, tal vez así volvería a encontrar el aire para respirar, y volver a vivir, y volver a cuadrar todo el tiempo en su espacio.
Fue difícil, todo hay que decirlo, dificilísimo, pero no lo suficiente para mí, era un latido el que me impulsaba hacia ella, un roce, unas ansias de estar a su lado, una necesitad, era un sentimiento, mucho más que eso, cada día iba a más, y no tenía miedo de sentir, y no tenía miedo de sufrir, solo quería hacerlo sin importarme nada más, y amarla como nadie ha amado a otra persona, y que el mundo sintiera envidia si, envidia, porque estábamos unidos, porque no habría obstáculos insalvables, porque el mundo no estaba preparado para ello, para nosotros, porque nada ni nada podía evitarlo. Como ya he dicho, siempre he tenido la característica de fantasear romanticismo, belleza y amor verdadero para siempre, en la oscura realidad, y eso aumentaba cada vez más, a medida que avanzaba centímetro a centímetro a ella. Mi vida estaba cambiando por completo, me estabas salvando.
Y costó mucho, muchísimo… Muchos días luchando, mucha noches llorando en un rincón de mi habitación, me sentía raro, y con ello no me refiero a enamorado, que tampoco lo dudada; y me sentía así porque me veía diferente, en constante lucha contra una sociedad que se dedicaba a crear estereotipos, pero que no se asemejaban en mí en nada; quizás cada uno tuviera sus particularidades, sus diferencias, pero comparándoles conmigo, sentía que éramos blanco y negro, y entre ellos diferentes tonalidades de grises. Y me sentía raro, fuera de lugar, en una guerra constante con una sociedad que intentaba de arrancarme de un soplido mis principios, mi manera de ver las cosas, mi manera de ser, y convertirme en una fría pieza de alguno de sus engranajes.
Me daba miedo llorar en aquel rincón, y no porque tuviera miedo a mostrar lo que sentía, me daba miedo que alguien lo viera y enfatizaran en mis rarezas, que me separaran de una sociedad que aunque no entendía si necesitaba algunos aspectos de ella, simplemente por el hecho de que no había ninguna más. Me daba miedo darme cuenta que era más diferente de lo que pensaba, pero me asustaba más, descubrir al cabo de los años un ególatra que se siente especial.
Tenía miedo a luchar siempre solo contra todo, incluyendo con la propia soledad. Me hubiese gustado tener a un amigo a mi lado, no un compañero temporal del trayecto de la vida, si no un amigo, de esos que solo se cuentan con los dedos de una mano. Y tenerlo ahí, olvidando ser como los demás chicos y abriéndose un poco a mí, dejando atrás la competición de quien era el más hombre, o el mas adulto, y el faroleo de hasta donde había llegado con tal chica, o que sustancias ilegales estaba comenzado a consumir; y que me hubiese escuchado, y que me hubiese dicho “Tranquilo, que no se va a asustar de tu rareza”. Comencé a sentir algo de envidia de las mujeres, y de como se habían quedado siempre detrás de nosotros en todo, y nunca comprendimos, ni tal vez comprenderemos, que cuanto más se avanza, cuanto más se aprende, cuanto más se quiere, se olvida lo básico, lo instintivo, lo natural, lo humano y vamos derechos, cuesta abajo y sin frenos, a convertirnos en la razón de lo que creen otros mejor par nosotros, simplemente seremos muñecos que utilizaran a su antojo. Y entonces olvídate de la sensación de desprender las alas y volar que te da la libertad, de la ilusión de los deseos, de bailar desnudo bajo la lluvia sin que importe nada más, de saltarse los cánones sociales impuestos, de reir por el simple hecho de hacerlo, y sobretodo lo que es peor, olvidar lo que es el amor, y su locura, y que este no está sobrevalorado, y en el mismo momento en el que alguien lo piense, esa persona estará cometiendo el error más grande y más grave de su vida.
Aprendí a ser fuerte, a base de millares de batallas perdidas, y pude aproximarme a ella paso a paso, sin llegar a desmayarme; y me convertí en el sigiloso ladrón de guante blanco, el único que hace que cuando te des cuenta de lo que te han robado, es demasiado tarde, y solamente podrás asumir que estoy ahí, que he sido yo el que me lo he llevado. Ella me había robado lo más preciado, aunque no fuera consciente de ello, y yo tenía la necesidad vital de devolverle el golpe. Entonces, cuando ya no quisiera echar a correr, y solo entonces, le habría saber que a mí me había robado mucho antes.
Evidentemente me convertí en su amigo, locamente enamorado, pero su amigo, en su sombra… No era suficiente para mí, necesitaba mucho, pero debía seguir trabajando, arañando poco a poco la piel y adentrándome dentro de su alma. Tenía claro que no iba a utilizar todo lo que estuviera en mi mano, tal vez era idiota, tal vez si no fuera así hubiese declaro mi adicción a esa droga. Podría haberla engañado, hechizado, mostrar alguien que no soy, y se hubiese arrodillado a mis pies, pero solo hubiese creado humo, una careta, una ilusión, y todo ello tarde o temprano se esfuma, y rompe corazones, y tal vez sea el romanticismo, el amor, el instinto de protección o todo ello, pero hacerla daño era lo último que quería.
Y me enamoré mucho más enamorándola, lo sueños se hicieron realidad, y la realidad un sueño que no despertar, dos jóvenes amanes dispuestos a vivir el uno por el otro, a morir sin el otro, a protegerse, a luchar, a vaciarse… Eran dos ángeles sin cielo, que en la tierra se unieron hasta el fin.
Me llamo Pedro Camus y tengo diecinueve años y sigo siendo esa persona que por entonces fui, y quizás siga siendo raro, y quizás siga siendo ese romántico, pero sé que lo que soy, y de lo que me siento orgulloso de ser, con sus virtudes y sus defectos, es humano, y muchos no pueden decir lo mismo. Y hace cinco que vi a Judith por primera vez, instantes después me vio ella a mí. Hace dos años vivimos juntos, y a día de hoy sigo tan locamente enamorado o más de ella que aquel primer día.
Pero ese no es el verdadero motivo de este diario, y ya sé que habitualmente un diario sirve para explicar el día a día de la persona que lo escribe, pero en este caso no va a ser así. Y si te preguntas porque este día en particular empiezo a escribir en él, yo te respondo: porque hoy es uno de esos grandes y escasos momentos en los que la vida deja de ser como antes de ese momento era, para siempre, todo es diferente, completamente nuevo. Hoy Judith me dijo que desde hace algunas semanas es un cuerpo lleno de vida, tu madre me informó que te traía en camino, que voy a ser padre. Estoy tan feliz de ello.
Final Capítulo 1

sábado, 15 de agosto de 2009

Colores. Capítulo 2.1

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Capítulo 2.- El ángel de piel marrón

Una tímida ráfaga de aire que transportaba aquel dulce y alegre cantar que nacía en las ramas de los árboles, llegó hasta Miguel y lo despertó a primera hora de la mañana.
Se sentía desorientado, no sabía donde estaba. Segundo a segundo, y a medida que la espesura de su mente iba flaqueando, conseguía ubicarse en aquel espacio al que aún no estaba acostumbrado. Se restregó los ojos e intentó incorporarse, pero los brazos de Daniel lo tenían bien sujeto a la cama. Se escapó reptando y moviendo las extremidades de su hijo lo mínimo posible, y aunque se movió suspiró, y pronunció un par de palabras inentendibles, no se despertó. Los dejaría dormir un poco mas, era demasiado temprano.
Preparó café, se sirvió una taza y se fue al porche a tomarla. En la otra mano sujetaba un cigarrillo encendido, medio consumido, y con el rastro de su cuerpo hecho cenizas aferrándose a las pequeñas ascuas para no caer; y enfrente, solo estaba la realidad, y sonrió como hacía tiempo que no hacía, y por mucho que pensara, no recordaba cuando lo había hecho por última vez.
Aquella realidad situada en medio de cualquier parte era un secreto que seguramente todo el mundo pagaría por conocer, y tal vez eso era lo que le hacía más especial aún si cabe, que nadie lo supiera, era un método de supervivencia, de conservación, era luchar, y hacer difícilmente inaccesible la mano destructora del hombre, que arrasaba como había hecho con todo lo que estaba a su alcance, era su naturaleza. –Nos verá inofensivos- pensó Miguel.
Enfrente, había un bosque repleto de diferentes clases de árboles, pinos, robles, nogales y olivos entre otros. Era tanta la altura de alguno de esos árboles, que rebasaban el centenario con creces, que las copas de aquellos gigantes parecían llegar a acariciar el cielo. Entre ellos, cerca de la cabaña, debía pasar un río, pues aunque el día anterior no lo percibió, ahora si que escuchaba como el agua vivaracha jugueteaba entre las rocas, saltaba y se reía, y como, aunque solo fueran unos insignificantes kilómetros de vida en solitario, conseguía ser libre y feliz.
En la parte interior de los dedos índice y corazón de su mano comenzaba a sentir el calorcillo de aquellas pequeñas ascuas al aproximarse, apagó el cigarro en un cuenco de madera que ya se encontraba en el porche antes de que llegaran. Miró el interior del paquete, le quedaba solo dos cigarrillos.-Voy a dejar de fumar- se dijo para convencerse a sí mismo. El sitio invitaba ha hacerlo, a no quebrantar ni lo más mínimo la armonía que allí reinaba.
Se puso de pie, y rodeó la cabaña, encontró un enorme tendedero a medio camino, estaba oxidado, y no tenía cuerdas. Lo añadió a la lista mental de tareas a realizar.
Dió un paso, quería ir más allá y descubrir lo que había detrás de la cabaña, pero solo pudo dar ese único paso antes que los gritos y los llantos de sus hijos traspasaran las paredes de madera. Suspiró, era su forma de relajarse, de evitar que la situación le sobrepasara y perder los nervios.- ¿Armonía? Prepárate, que han llegado los gemelos Guzmán- pronunció en alto
Abrió la puerta, y el tiempo allí dentro se detuvo en seco, no se oía ni una sola respiración, ni tan solo se veía el movimiento de un simple pestañeo, solo dos niños inmóviles en una de las camas, uno con el pie del otro aplastándole la cara, y el otro con los dedos del primero halándole de los agujeros de la nariz.

-¡A la cocina! ¡Ya!- Alzó la voz devolviendo todo a su curso natural. El dedo índice estaba en alto, señalando la dirección de la cocina. Nunca había entendido eso – pensó- como si los niños no supieran donde estaba el lugar al que se referían sus padres, que estos tenían que indicarles con el dedo; ellos sabían que les iba a caer una buena reprimenda, que sus padre estaban cabreados, entonces en estos casos actúa ese mecanismo de alerta que solo tienen los niños, aunque alguno haga caso omiso, y se volverían tan listos y avispados como cualquier adulto. Son caparse de darse cuenta que han hecho mal. Aunque luego, en otras ocasiones, hayan aprendido que diciendo eso suavizan el asunto a tratar.
Seguía aquellos pequeños pies descalzos por el largo pasillo cuando comenzó a escuchar los susurros de sus hijos, susurros que ellos debían pensar que no eran lo suficientemente alto para ello
-Te las vas a cargar, llorona- chinchaba Marcos
-¿Yo?, Si yo no he hecho nada- respondió- has sido tú el que me has molestado cuando estaba dormido. Menos mal que papá lo sabe
-¿El que sabe?-preguntó
-Que eres una mosca cojonera-sonrió
-Tu si que eres una mosca de esas, llorona
-Yo no he llorado, has sido tú que mas clavado la pedazo de uña esa que tienes en el ojo, y me has hecho un diminuto agujero por el que se escapan las lágrimas.- Miguel esbozó un sonrisa
-Eres un flipado, yo no he hecho ningún “abujero”, y tú me has estirado de la nariz para que me parezca al nuevo novio de mamá
-Se dice agujero, inculto
-Pues no que se dice “abujero”
-¿Se lo preguntamos a papá?
-Vale, pero como yo tenga razón te llevas una colleja-Se dieron la vuelta al mismo tiempo, pero su padre ya no estaba detrás de ellos. Miguel se había introducido en la primera puerta que había encontrado, y allí acuclillado, reía a carcajadas.






Continuará...

jueves, 13 de agosto de 2009

De caza



La ciudad fue absorbida por la oscuridad, la niebla espesa invadía los callejones, era mi momento…
Desperté sediento, es mi naturaleza, tenía que cazar….tenia que cazarte
Salí en tu búsqueda, eras un olor, un impulso de sangre que recorría todo tu cuerpo, te veía aunque estuvieras a kilómetros de distancia.
Me vestí con un pantalón oscuro de cuero y un jersey de cuello alto negro, botas con la punta de hierro, y una pulsera de pinchos. Tenía el pelo engominado, todo empuntado, me hice la raya en los ojos, y salí con mi mejor fragancia, el olor corporal.
No fue nada difícil encontrarte, tu latido era una señal en mi radar, una más, la de hoy…
Me sorprendió tu hermosura, lo eras realmente, tu pelo ondeaba al viento, un viento inexistente que solo aparecía para mover tu pelo, sonreías con la sonrisa mas irresistible que había visto nunca antes, las ansias de poseerte aumentaron aun más si cabe…
Y me miraste, con esos ojos llenos de vida, de un color azul grisáceo, y te miré, te clavé mi mirada más irresistible, y no pudiste resistirte…
Me hiciste una señal, y te seguí hacia uno de esos callejos anieblados donde solo nos podíamos ver tú y yo, y alrededor una blancura espesa….
Me sonreíste con picardía, ya no había marcha atrás, ya no pude controlarme…
Te bese salvajemente, te mordí delicadamente el labio, tu corazón se enchufó y latía a un ritmo frenético, tu tampoco podrías detener tus ansías de poseerme…Dimos rienda suelta al desenfreno.
Te quité la ropa sensualmente mientras mis labios recorrían cada centímetro de tu piel, cada curva, cada relieve…
Y me desnudé ante ti, un cuerpo cargado de muchos años de vida, pero que ante tus ojos era un cuerpo joven, vigoroso, espléndido…
Te alcé sobre mis brazos, y te presioné contra la pared, tus piernas rodearon mis caderas, y comenzó el acto más animal, más necesario….
Mi cuerpo se introdujo en el tuyo, a un ritmo frenético, salvaje… el sudor resvalaba por una misma piel...
Y el momento álgido nos rondaba, hasta que el éxtasis llegó, mis ojos blanquecieron, y millones de descargas eléctricas deliciosas sacudieron todo mi cuerpo, desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza, pero todavía quedaba algo más que hacer, antes que todo aquello terminara, el gran orgasmo…
Te agarré de la cabeza y la ladeé y clavé mis dientes afilados en tu cuello, regalándote el mordisco más sensual. Querías morirte de placer, tu cuerpo convulsionaba sin coherencia, y me lo agradeciste dándome parte de tus adentros.
Estuve al borde del desmayo, gozaba como nunca lo había hecho, las piernas me fallaban, me costaba sujetarte…
Tuve un segundo de cordura, y retiré los dientes, pude haberte matado, haberte desangrado, pero más que nadie, merecías la inmortalidad.

martes, 11 de agosto de 2009

Las etapas del sufrimiento 1/3

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Las etapas de sufrimiento: Ira, Negación, Miedo, Culpa, Depresión y Aceptación

1/3.-

Personaje 1.

-Ira-

Y despertar, y descubrir que ella ya no está, la persona amada, ¿Quién si no? Aunque sinceramente, creo que en toda la noche no conseguí apagar los ojos, creo que durante mucho tiempo no lo haré ¿Dónde estará el hijo de puta que la mató? ¿Dónde estará el hijo de puta que la arrancó de mis brazos? ¿Cómo fue capaz de matarme a mí también? Me gustaría que estuviera aquí, frente a mí, que tuviera cojones a mirarme a los ojos, entonces sé que no me lo pensaría dos veces, ni siquiera una… Le reventaría la cara a puñetazos, y solo parar en el momento en que olvide pensar en ella, en el que ya no duela lo que me aprieta en el pecho, en el que no pueda golpearle más. Siento la bilis trepando por mi garganta. Siento ese extraño e insaciable placer que me otorga la venganza.
Y escupirle a ese maldito asesino en toda la cara, y desearle el infierno, ella así lo querría. Tengo que remover mar, cielo y tierra para buscar a ese desgraciado, creo que no hay nada en el mundo que me hiciera más feliz que tenerlo frente a mí, excepto tenerla a ella. No puedo creerme que se la hayan llevado, no puedo creer que ella ya no esté aquí…

-Negación-

Tímidamente consigo encontrar el sueño, tal vez una hora al día, estoy realmente cansado, tengo miedo de mirarme al espejo y ver mi cara demacrada, pero lo hago, y ella está allí, detrás de mí, como si no hubiese sucedido nada. Y entonces huelo toda la casa, y la escucho, la siento, incluso la veo, ¿Es real? Y sé va. Tengo la sensación de que ella va a volver, de que nunca se fue de mi lado, de que tarde o temprano la puerta se abrirá y será ella, y se acercará sonriendo y me dirá “Estoy aquí para protegerte”, entonces me besará.

-Miedo-

Tengo miedo, realmente mucho miedo, tengo miedo a vivir y a volver a salir a la calle, a olvidarme de ella, a pensar en otra cosa que no sea ella solamente un segundo y que se piense que la olvidé, a enamorarme de otra y traicionarla, a volver a ser feliz, tengo miedo a sentir este intenso dolor cuando este desaparezca, y tengo miedo a curarlo y no recordar todo lo que me hizo sentir. Tengo miedo a estar solo, a caer y que nadie me sujete, tengo miedo a dormirme y que al despertarme mi mente durante un segundo no sepa que ella ya no está, tengo miedo a que el mundo no sea tan fantástico como ella me enseñó a verlo. Tengo miedo a verla en todas partes, tengo miedo a este miedo que nunca conocí, tengo miedo, mucho miedo.



-Culpa-

Debería haber cuidado de ella, haberla protegido, haber estado allí. Una sola vez, una, me necesito, y la fallé… me confié. Yo sabía que el mundo no estaba preparado para ella, para esa inocencia, para esa bondad, para todo esa luz, para ese amor… Era demasiado poco para ella. Tuve que haberla preparado, tuve que haberla alejado de toda la maldad, llevarla a un lugar apartado donde no existiera el dolor, donde nadie pudiera hacerla daño, ya no hay dudas, fue mi culpa

-Depresión-


No consigo respirar, ni pensar, ni hablar, ni sentir, creo que incluso dejé de latir, no consigo recordar como se hacía. No tengo ganas de salir, de seguir viviendo, de continuar caminando, creo que todo terminó para mí, todo es demasiado difícil para seguir intentándolo, y no tengo fuerzas para seguir peleando, luchar ya se volvió inútil pues tengo mis brazos bajados. Solamente consigo decirle a todo el mundo “Dejarme, no tengo ganas de nada”

-Aceptación-

Y el tiempo que pasa también cicatriza los corazones, aunque no la mente, y en el momento en que te viene el recuerdo la herida vuelve a abrirse y a sangrar. Pasó, y no pude impedirlo, nadie pudo hacerlo. Debo seguir viviendo, arriesgándome a ello, caminar decidido, sentir, nunca dejar de hacerlo, y luchar con uñas y dientes, sin tener miedo a nada, sin bajar nunca los brazos, nunca más lo volveré a hacer, ella me enseñó eso, ella querría que siguiera viviendo, y yo sé que aunque siga mi camino, siempre la seguiré amando
Próximamente 2/3 personaje 2

viernes, 7 de agosto de 2009

_ESPECIAL_ (1)- HISTORIA CORTA

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Tema: Futuro Año 2050

No supimos vivir

Removiendo objetos y recuerdos de un pasado que no me pertenece almacenados en cajas de un material que mis antepasados llamaron cartón, algo inexistente desde que acabaran por talar todos los árboles existentes unos años antes de que naciera he encontrado algo valiosísimo.
Como bien saben, hace unos años que la escritura murió tal y como era conocida, al igual que los libros, así que no puedo adjuntarles el texto tal y como está, por lo tanto lo hago digitalmente para que ustedes actúen como crean conveniente. En mi más sincera e insignificante opinión este escrito debería pertenecer a los anales de la historia, aquella parte de los hechos transcurridos durante el tiempo y que hasta el día de hoy desconocíamos.

-TEXTO ADJUNTO-

Queridos antecesores habitantes de este planeta llamado Tierra:

Antes de comenzar debería arrodillarme y pedir perdón tantas veces como personas coexistíamos en este pequeño mundo, y aún así, después de hacerlo más de seis mil millones de veces no sería suficiente. Lo destruimos, lo teníamos todo, y aún así destruimos todo lo que estaba a nuestro alcance.
Quisiera explicaros cual fue el motivo que hizo que actuáramos de aquella manera, pero ni siquiera yo lo sé, solo espero y deseo que este escrito os sirva de ayuda para averiguarlo y evitar que cometáis los mismos errores .
Durante un tiempo algunos habitantes nos advirtieron de lo que sucedería en un futuro muy cercano si seguíamos actuando del mismo modo, del cambio climático, de la masiva tala de árboles que aumentaban el efecto invernadero, de globalizaciones para lo que nos interesaba, de guerras innecesarias, de armas químicas y perjudiciales, pero hicimos caso omiso, y en los últimos años todo comenzó a pasar a un ritmo fulminante.
La guerra le comió el terreno a la paz desde diversos ángulos, convirtiéndose casi el pan de cada día. Aquel mundo que dividimos en varios mundos según sus niveles económicos fue nuestro lastre. No conseguimos llegar a comprender que era la humanidad, que esta, no se dividía en razas, colores, sexos, culturas, religiones o ideologías políticas.
Por una parte, los humanos absorbidos por el poder, el dinero, y la gobernación de un planeta que siempre fue libre, se fueron autodestruyendo. Por otra, la naturaleza harta de todo el mal que se le estaba causando, despertó con toda su furia y actuó, ¡¡vaya si actuó!!
Los primeros en sufrir fueron los que habitaban en el continente con más riqueza y que sin embargo les consumía la pobreza. El dominio territorial fue el detonante, y lo más débiles no tardaron en claudicar y morir salvajemente. La tierra de hombres con piel de café, y de los lugares más impresionantes e inexplorados, se convirtió en tierras de constantes lluvias de cenizas plomizas y arena de sus desiertos.
Y aunque en un principio todo el mundo creía que la primera potencia mundial, Estados Unidos, sería sin duda la que sobreviviría, la que vencería, sorprendentemente fue la siguiente en desaparecer, esta vez de la mano de la naturaleza, a base de huracanes, terremotos y tifones entre otros. Poco después se sumaron el resto de las Américas
Europa quiso detener los actos vandálicos de los ejércitos de rostros muertos y demacrados que con saña querían acabar con todo, pero todo fue en vano, habían demasiados nudos que desanudar, demasiados frentes abiertos, demasiadas cuentas pendientes. Rusia, China y Japón, rápidamente se convirtieron en potencias. Australia se unió a Europa y a su bandera blanca, pero en Oriente Miedo, donde todos los países se unieron, según su conveniencia, para aplicar sus leyes y sus culturas, no estaban por la labor de dejar todo a medias.
Finalmente todos murieron en un último ataque nuclear ruso, su última baza, un último respiro en un campo de batalla común que con cada día que pasaba se amontonaban los cadáveres, algunos ya en un estado avanzado de descomposición con la consiguiente putrefacción.
Os preguntaréis como yo os puedo contar estos detalles:
Unas semanas antes de que todo el planeta se sumiera en un profundo y silencioso vacío y se convirtiera en otro planeta inhabitado, pensamos en un plan para que nuestra especie sobreviviese, ocultándola a muchos metros bajo tierra, ocultando entre las desnutridas y lánguidas raíces, varias decenas de niños , sin importar la edad, el sexo, o el color, y algunos ancianos que cuidasen de ellos, pero que a estos últimos su tiempo se estuviera acabando y no durarán vivos lo suficiente como para corromperlos o aprovecharse de ellos.
Escribir está carta es arriesgado, los últimos latidos de la guerra todavía emiten con fuerza, y el temor que causa el no saber si a ciencia cierta, en el “mundo” exterior, esta ha acabado, se aferra a los pocos humanos que quedamos, y si como pensamos la guerra sigue coleando y descubren esta misiva no tardaran en venir a buscarnos.
Deseo que esta carta se pierda si ello significa que la humanidad siga con vida, pero si alguien la encuentra espero que todo el esfuerzo no haya sido en vano, y que la paz haya vuelto a respirar a vuestro lado, que hayáis comprendido en vuestra etapa lo que significa ser humano, y que hayáis perdido el miedo a quereros siendo quienes sois.
Para finalizar me gustaría decirles a mis cuatro hijos que siempre los ame al igual que su madre, que nos perdonen por darles la vida en un mundo que no los merecía, pero lo hicimos porque siempre tuvimos la certeza de que serían capaces de sobrellevar ese gran inconveniente y ser granajes importantes de la paz. Que no estuvimos mucho tiempo juntos, aunque tuviésemos más suerte y tiempo que otros, y conseguí quedarme más tiempo con vosotros. Que fuimos grandes porque luchamos por la paz, y que sabemos que ellos también lo serán porque la mantendrán.
Un abrazo desde los últimos compases de una vida oculta en metros y metros de tierra, rodeado de alegres niños que me dieron aire algunos años y consiguieron que fuera capaz de llegar hasta el tan lejano año 2050.
Daniel


El texto permanecía oculto en un sobre ambarino que llevaba mi nombre impreso junto al de mis tres hermanos y que resuelve tantas incógnitas que nos acechaban desde un futuro muy cercano. Les envió este texto esperando su inmediata visita para que corroboren su autenticidad, y no para que quede siempre reflejada en la historia como dato informativo, si no para demostrarle y hacerle recordar siempre, al mundo, que todo lo que hicieron mis padres y gente como ellos, no fue en vano y que gracias a ellos nuestro avance esta iluminado.
Les saluda cordialmente,
Alejandro

miércoles, 5 de agosto de 2009

Plumas de Fuego -Prólogo- (4ª Parte)

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Al terminar el camino, una enorme puerta de madera vieja, llena de muescas y con varias zonas de color rojo mortecino que alguien comenzó a pintar y por alguna razón no terminó, se mostró ante nosotros, plantada en medio de la nada. Empujé delicadamente el trozo de madera que colgaba de un único gozne corroído y oxidado por si alguna razón cedía, que era lo más probable, no me cayese encima, detrás aparecieron unas majestuosas escaleras de piedra caliza blanca que conducían hasta la puerta principal del edificio. Las vistas desde donde me encontraba habían cambiado por completo, todo era realmente soberbio, o eso era lo que parecía a simple vista. El edificio era enorme, su longitud debía ser aproximadamente de unos sesenta metros, y de ocho pisos de altura. Toda la fachada estaba pintada de color blanco hueso excepto los marcos de los enormes ventanales, cinco por planta en esa cara ante la cual yo me encontraba, que eran verdosos, y en cuyo saliente habían varias macetas con flores azules y malvas. Desde los ventanales se observaban cortinajes marrones que ocultaban el interior.
Subí las escaleras al completo aún siguiendo los pasos del guardia. Un enorme portón de hierro reforzado hacía infranqueable la entrada. Dos nuevos guardias la custodiaban.
-Aquí tenéis al chico- informó antes de bostezar el guardia al que había perseguido desde el inicio.
-Venga chaval, espabila que no tenemos todo el día- exclamó un guardia anciano antes de volver a repetir la misma acción a su homólogo, de nuevo mucho más joven, al igual que había sucedido con el par que salvaguardaba la entrada
-Acompáñame ¿Kiar?- pronunció el joven guardia, un chico tímido y bastante distraído que debía tener más o menos mi edad
-Si, Kiar, ¿Y tú?
-Déjate de flirteos y romanticismos y andando- me abroncó el viejo
El joven vigilante abrió, y cerró después, con enorme esfuerzo, uno de los dos enormes y pesados portones. La sala que se ocultaba detrás, era espaciosa. Varias macetones repletos de lirios blancos le daba sobriedad al espacio donde varias obras de arte de diferentes estilos y épocas tenían allí un rinconcito. Había desde esculturas, mesas y sillas antiquísimas, diversos y extraños artilugios, armas, hasta cuadros de presumiblemente grandes genios que por mucho que observaba no era capaz de reconocer. Varias puertas, además de dos escaleras, una que ascendía y otra a la inversa, daban continuidad a la estancia. Me sorprendió mucho, y a la par me asustó, encontrar una escalera que bajará al subsuelo. No tuve valor a preguntárselo al guardia, pero podría ser un almacén o una bodega.
Lo dejé pasar y seguí observando lo que se mostraba ante mis ojos, y aunque hubiese preferido una visita guiada, el nervioso novato no estaba por la labor de perder tiempo en cada sala y provocar la ira de su compañero.
-Sígueme Kiar- comentó apaciblemente al abrir una nueva puerta más, la que estaba en el lado izquierdo- Por cierto- dirigió la mirada a ambos lados- me llamo Ethan- añadió mientras me acercaba una mano
-Un placer Ethan- le saludé estrechando mi mano con la suya. Ambos sonreímos.
Al traspasar la puerta, un pasillo ahogado, angosto, y atestado de un fortísimo olor a humedad me arrojó de nuevo a las tinieblas del edificio. En el techo, un par de fluorescentes, que emitían una luz azulina, colgaban de unas pequeñas cadenas de hierro llenas de óxido que estaban a punto de ceder, y alrededor varias moscas y mosquitos revoloteaban incordiando lo máximo posible. Aquel pasillo se me hizo eterno, pero finalmente conseguí llegar al final, donde una lámina de chapa sujeta a la pared por varios alambres hacía las veces de puerta.
El edificio en el que me encontraba, era considerado como una de las insignias del país. Siempre lo había imaginado impresionante y hermosísimo, por lo que la decepción me azotó a escasos centímetros de entrar a aquel diminuto y asfixiante pasillo, aún así, no sé porque razón, presentía que lo peor aún no había llegado, y no me equivoqué…
Un aire putrefacto dominaba la habitación, y no cesó en el intento hasta que se introdujo en mi cuerpo. Olía a un concentrado de miles de heces mezclado con la sangre de un millar de vidas. Realmente era el olor más inmundo que nunca antes había olido. Rápidamente me subí la camiseta hasta la nariz, y me tapé esta con la mano, y aún así lograba aquel aire viciado lograba filtrarse. Por suerte, la siguiente puerta solo se encontraba a escasos metros.
En aquel mismo momento en que Ethan cerró la puerta aprisionando el hedor, y yo cogía aire, varias luces destellantes acompañadas de un ensordecedor sonido intermitente quebraron el silencio y la oscuridad. El semblante de Ethan cambió por completo, se mostraba mucho más agresivo, decidido y avispado.
-¡Sígueme!- ordenó un autoritario y sorprendente Ethan- Ante cualquier indicio de huida, agresión, o incumplimiento de lo que te ordene, me veré obligado a utilizar la fuerza para evitarlo
-De acuerdo, pero ¿Qué sucede?- pregunté preocupado, pero no recibí respuesta, ni siquiera me miró, incluso podía asegurar, casi sin riesgo a equivocarme, que no pestañeó durante todo el recorrido hasta una sala blanca, en su interior solo había un par de sillas y una mesa de plástico. Ethan me dejó allí, y salió corriendo encerrándome en aquellas tres paredes, donde la cuarta era una cristalera reforzada que me permitía vislumbrar lo que ocurría en el pasillo.
Poco después de las idas y venidas de varios guardias por aquel pasillo, cinco de ellos entraron en la misma sala en la que yo estaba aprisionado con sus metralles y se colocaron formando una semicircunferencia delante de mí. Me estaba dando cuenta de que había algo raro y delicado en todo lo que ocurría. Tenía cada vez más miedo, y nadie quería decirme nada, pero lo que sí sabía es que todo estaba relacionado conmigo.
Así, con las gotas de un sudor frío resbalando por mi piel, pasé las siguientes dos horas hasta que el ruido y las luces se disiparon, y pude volver a respirar tranquilamente, pero aunque sonreí y me levanté del asiento, ninguno de los cinco guardias movió un solo músculo. Volví a sentarme en mi asiento.
Perdí la noción del tiempo, pero más que por rapidez por lentitud. En los pasillos reinaba el silencio. Los guardias seguían en la misma postura, y yo, que me movía por toda la sala, me aburría enormemente. El sueño comenzaba a abrazarme cuando ocurrió lo que todo el mundo estaba esperando, algo interesante.
Una persona apareció por el lado derecho de la cristalera, debía ser un infiltrado por sus ropas y por el jaleo que había organizado; se giró y observó velozmente que la sala estaba invadida por un grupo de guardias sentados en unas sillas y por mí.
Los guardias se levantaron de un salto y salieron en su búsqueda, este echó a correr, llevaba algo en brazos, pero de repente se detuvo, giró lentamente la cabeza y comenzó a sonreír mientras un buen puñado de lágrimas se liberaban de la cárcel de sus ojos. Agudicé la vista ¿Quiera era ese hombre? No, no podía ser él, me dije, era Swen. Mi mandíbula desencajada era el colofón final a mi expresión anonadada. A Swen aún le dió tiempo para apoyar su mano en la cristalera, mostrándome lo que protegía entre sus brazos, era un bebé, y a gesticularme con los labios, con claridad, “Kiar, te quiero mi vida”, lo demás fue demasiado rápido.
Él, corriendo con el bebé, los guardias, descargando toda la munición a diestro y siniestro, y yo repitiendo, y a la vez asumiendo, una y otra vez el suceso, y aunque no conseguía descifrar lo ocurrido, comprendía que la situación era extremadamente peligrosa, Swen y el bebé que acunaba en sus brazos estaban en peligro, posiblemente yo también lo estaba


CONTINUARÁ...





domingo, 2 de agosto de 2009

Colores.- Capítulo 1

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Capítulo 1.- Alrededor de los campos de flores doradas

-Papá, ¿Falta mucho para llegar?- preguntó Marcos por centésima vez.
Miguel resopló, miró por el espejo retrovisor interior, detrás tenía a sus dos hijos gemelos Marcos y Daniel peleándose, hacía dos años que se había separado, y le tocaba el mes de vacaciones que le pertenecía estar con sus hijos. Hacía mucho calor, el sistema del aire acondicionado, quien sabe porqué, había dejado de funcionar, y aunque todas las ventanas del vehículo estaban abiertas, Miguel estaba empapado de sudor.
-Ya os he dicho que estamos a punto de llegar- contestó- queda muy poco, y dejar ya de pelearos.
-Es que siempre dices lo mismo-objetó Daniel- llevamos horas y horas y solamente veo campos de flores doradas y yo ya estoy aburrido.
-Hijo, eso son campos de trigo, y están apunto de segarlos, con eso se hace el pan, la harina…- le explicó para intentar que estuviera entretenido mirando como las escasas ráfagas del viento movía las espigas en su dirección, no lo consiguió
Un potente sol se desplazaba a su antojo por el cielo, las horas pasaban y aún no habían llegado, los niños, excepto el rato que se quedaron dormidos, estaban revolucionados, Miguel estaba apunto de perder los nervios, cogió un cigarrillo de la cajetilla de Marlboro que tenía en el asiento del copiloto, se lo llevó a la boca, y con el mechero del coche lo prendió. Con cada calada, cierto era que tintaba de negro sus pulmones, pero también lo calmaba.
Finalmente y después de pasar por caminos de tierra que serpenteaban entre bosques algo siniestros, de otra tanda de ¿Cuándo llegamos?, y de algún que otro cigarro que ya permanecía aplastado en el cenicero, llegaron. El lugar era espectacularmente hermoso se dijo Miguel, mucho más de lo que nunca hubiera imaginado, mucho más de lo que hubiera percibido de los cuentos que su abuelo le narraba a pie de cama, y que al cabo de los años, al borde de la muerte, hace apenas un par de semanas, lo sorprendió cuando le susurró al oído, que aquellos cuentos en realidad era un lugar existente, un secreto que después de que falleciese, solo él conocería. Al principio no le creyó, pero tenía que hacerlo, se lo debía, necesitaba creer que aquello era cierto.
Miró todo lo que ante él se mostraba, maravillado, pero tenía claro que a sus hijos todo aquello les iba a desagradar, no había nada al alrededor, solo belleza, algo que dudaba que sus hijos, a su edad, supieran apreciar
-¿Papá donde nos has traído?- susurró decepcionado Daniel. No contestó, tampoco le dió tiempo ha hacerlo, sus hijos se encontraban ya a algunos metros, sentados sobre una enorme piedra, con la cara apoyada en sus manos lanzando bufidos de aburrimiento.
Miguel cogió las maletas, cerró el coche y comenzó a andar hacía su nuevo hogar, posiblemente, ante la cara de sus hijos, se quedarían hasta mañana, aunque él había previsto que se quedaran todo el mes.

Un conjunto de colores violáceos y rosados, que le daban al cielo un atardecer insólito, era el último vestigio de la luz del sol. Apenas se podía ver con esa poca claridad todo lo que había alrededor, como tampoco, como era el exterior de la cabaña de madera. Posiblemente, si nada cambiaba, tendría tiempo para hacerlo.
La puerta de madera chirrió, la había abierto con la llave, que como ya sabía de ante mano por aquellas historias que el anciano le narró, se encontraba en el porche, debajo del tercer tablón comenzando por la derecha Tanteó a oscuras la pared intentando encontrar el interruptor, lo presionó, y aunque le costó despertar, poco a poco la luz le comenzó a comer terreno a la oscuridad. Cierto era que la casa tenía un ligero tufillo a humedad, que había polvo, y telarañas por todas partes, que tendría mucho que limpiar y que arreglar, pero a Miguel aquella cabaña le fascinaba. Todo aquello lo hacía.
Los niños estaban agotados del viaje, y ya cabeceaban de sueño, pero Miguel no les dejó irse a dormir por dos motivos, el primero era que no habían cenado, y el segundo que las habitaciones en las que dormirían olían, a pesar de que había abierto puertas y ventanas, todavía más a humedad, y todo estaba cubierto por el polvo.
La cena la hizo Miguel, pero sus hijos le ayudaron en todo lo que pudieron. Miguel había traído algunas cosas para cenar esa noche, y desayunar al día siguiente, luego, a media mañana, iría a buscar una tienda cercana, aunque lo más cercano seguramente estaría a unos cuantos kilómetros según lo visto, y comprar previsiones para todo el mes.
Miguel dejó su cena para después, y mientras sus hijos lo hacían, y seguían ladeando la cabeza de lado a lado, comenzó a dejar lo más limpio que podía la primera habitación, justamente la única de las tres que tenía dos camas individuales; la ventiló, quitó el polvo, la barrió y la fregó, cambió aquellas sabanas viejas por unas que el había traído, y cuando volvió, sus hijos ya se habían dormido con las cabezas apoyadas en la mesa, se lo habían comido todo antes de hacerlo. Cogió a cada uno con un brazo, ya se habían echo muy grandes, y pesaban cada uno lo suyo, estaban apunto de cumplir diez años. Los dejó delicadamente a cada uno en una cama, y les besó en la frente; sigilosamente con pasos cortos salió de la habitación, dejó la puerta entreabierta para que no les molestase la luz, ni para que tampoco tuvieran nada cerrado.
Cogió una cerveza y se sentó en la mesa, y aunque estaba muy caliente se la fue bebiendo mientras cenaba.

Toda su vida se había comenzado a desmoronar desde hacía casi dos años, y nada tenía que ver con Victoria, su esposa, divorciarse fue la mejor decisión que tomó, todo pasó después de aquello, cuando decidió que se merecía volver a vivir, lo curioso era que hasta que no había pisado este lugar secreto no había comenzado a respirar realmente.
Los ojos se le iban cerrando, tenía el cuerpo debilitado y dolorido después de haber conducido tantas horas, pero no había tenido más tiempo para limpiar al menos una habitación mas, sus hijos se despertarían si lo hiciera ahora. Limpió un poco como pudo el pequeño sofá, y estiró por encima unas sabanas, se durmió con las piernas encogidas Un poco más tarde un ligero contacto le despertó, era su hijo Daniel
-¿Papá?-susurró
-Dime, cariño, ¿que pasa?
-Vente a dormir conmigo, que aquí todavía huele muy mal
Miguel lo siguió hasta su nueva habitación, se estiró con él en la cama, y rápidamente se quedaron dormidos. Daniel abrazado por su padre. Marcos ni se enteró.


Final Capítulo 1